Venezuela, RD y el espejo de una seguridad que sigue haciendo preguntas

Mucho discurso de seguridad, muchos “intercambios” y demasiados muertos. Pero, cuando aparecen las cámaras, ¡ay, papá!, la versión policial empieza a sudar frío. ¡Al que le pique, que se rasque!
Buenos días…
Difícilmente Venezuela, con sus actuales gobernantes, encuentre nuevas rutas de negociación que no terminen pasando por Estados Unidos y, particularmente, por Donald Trump, quien sigue siendo una pieza central en el tablero. Ya no hay con fianza en sus autoridades.

Pero dejemos a Venezuela por un momento y miremos hacia el patio. Porque aquí también hay tela para cortar.
Los organismos internacionales deberían dejar de opinar sobre la República Dominicana, basándose exclusivamente en lo que les cuentan desde aquí o desde determinadas oficinas. Que investiguen, que caminen, que hablen con la gente y que miren la realidad con sus propios ojos.
Porque de República Dominicana se venden maravillas. ¡Pero cuando uno baja de la tarima y pisa la calle, el libreto cambia!
- Aquí se vendió “hambre cero”.
- Se habla de seguridad.
- Se habla de avances.
- Se habla de transformación.
Pero, mientras tanto, la inseguridad sigue siendo una preocupación para la ciudadanía.
Y en materia policial, las cifras de personas muertas en alegados intercambios de disparos siguen levantando preguntas. ¡Ojo con eso!
No estamos diciendo que no haya delincuentes. No estamos diciendo que la Policía tenga que cruzarse de brazos. ¡No!
Al delincuente hay que enfrentarlo, detenerlo y llevarlo ante la Justicia. Pero una cosa es un enfrentamiento real y otra muy diferente es que cada muerte termine explicándose automáticamente con la misma fórmula: “Se produjo un intercambio de disparos”.
¡Bueno! ¿Y los videos? ¿Y las cámaras? ¿Y las armas? ¿Y los casquillos? ¿Y las investigaciones? ¿Y las evidencias?
Porque se anunció que los policías utilizarían cámaras corporales, entonces ¡que aparezcan las grabaciones cuando corresponda y puedan hacerse públicas!
La ciudadanía tiene derecho a saber qué ocurrió. Y si hubo un enfrentamiento, que las evidencias hablen. Porque un muerto no puede explicar su propia versión.
Y si se mata a un presunto delincuente, tampoco se puede saber quiénes eran sus cómplices, quién lo financiaba, quién le suministraba las armas o quién estaba detrás del negocio criminal. ¡Ahí está el detalle!
Y lo jodón del asunto es que, cuando aparecen videos de algunos de esos alegados enfrentamientos, las imágenes terminan contradiciendo o poniendo en serios aprietos la versión policial. ¡Ahí es que se pone bueno el sancocho!
Matar no necesariamente resuelve una estructura criminal. A veces simplemente la deja sin testigo.
Y mientras tanto, los asaltos, robos, violencia y microtráfico siguen apareciendo como la verdolaga.
Entonces volvemos a preguntar: ¿Qué ha resuelto el Gobierno que realmente beneficie a la mayoría de los dominicanos? Porque aquí sube casi todo.
- Suben los alimentos.
- Suben los servicios.
- Sube el combustible.
- Sube el costo de vivir.
Y los salarios de los empleados públicos de menores categorías no suben. Llevan más de siete años paralizados. Mientras tanto, las posiciones de mayor jerarquía tienen otra historia.
¡Y las pensiones! ¡Ay, las pensiones! Ciudadanos que trabajaron durante décadas en la administración pública y llegaron a la jubilación reciben, en muchos casos, pensiones que apenas les permiten sobrevivir.
Pero cuando aparecen pensiones especiales otorgadas por los gobiernos, surgen las preguntas:
- ¿Cuál fue el criterio?
- ¿Cuántos años de servicio tenía el beneficiario?
- ¿Qué ley o decreto lo sustentó?
- ¿Por qué uno sí y otro no?
Porque si existe una regla para el servidor público de abajo, debería existir transparencia para el de arriba. Ese también es el cambio.
Y hablando de derechos humanos… ¡Qué silencio tan pesado! Organizaciones que se presentan como defensoras de los derechos humanos deberían pronunciarse cuando ciudadanos mueren durante alegados enfrentamientos policiales. Y no para defender delincuentes. Para defender la verdad.
Y hasta el Defensor del Pueblo ha cuestionado públicamente las muertes ocurridas en alegados intercambios de disparos. Eso suena difícil, pero lo hizo.
El ciudadano tiene derecho a estar seguro. Y quien cometa un delito debe responder ante la Justicia. Pero también quien mate ilegalmente debe responder ante la Justicia.
¡Aquí no puede haber carta blanca para nadie! Porque desde que el presidente Luis Abinader dijo en noviembre de 2022 que los delincuentes “o se entregan o serán enfrentados drásticamente por la Policía Nacional y por el Gobierno”, han ocurrido decenas de muertes en alegados enfrentamientos.
Y las preguntas siguen vivas:
- ¿Ha desaparecido la delincuencia?
¡No!
- ¿Han desaparecido los atracos?
¡No!
- ¿Ha desaparecido el microtráfico?
¡Tampoco!
Entonces, ¿qué estamos haciendo?
Porque si cada muerto representa una victoria y la delincuencia continúa creciendo en determinados sectores, habrá que preguntarse dónde está la estrategia.
Y para completar el cuadro, este viernes una mujer fue asesinada a machetazos en El Tablón, Bayaguana, provincia Monte Plata, en un hecho atribuido a su expareja.
Nicauris de los Santos.
- Una mujer menos.
- Una familia destrozada.
- Una comunidad consternada.
Y otro feminicidio que vuelve a recordarnos que la violencia no tiene una sola cara. ¡Ave María Purísima!
Así que, no se sorprenda, pero es así. En los discursos todo puede parecer maravilloso. Pero en la calle están los ciudadanos. Están los comerciantes. Están los trabajadores. Están los pensionados. Están las familias. Y están también los muertos.
Una cosa es lo que se vende desde el poder… y otra, muy distinta, es lo que el pueblo está viviendo.



