Haití: cuando las pandillas sustituyen al Estado

La masacre de Wharf Jérémie revela algo más profundo que la brutalidad de una banda: muestra hasta dónde puede llegar el vacío de autoridad estatal cuando grupos armados controlan territorios y poblaciones enteras.
Y PARTE V
Por Augusto Alvarez
Los 207 muertos de Wharf Jérémie no son solamente una cifra de la tragedia haitiana. Son una advertencia sobre lo que ocurre cuando el Estado pierde el control de su territorio y las armas terminan imponiendo sus propias leyes.
La llamada “Masacre de los Abuelos” debe ser analizada más allá del horror de los asesinatos.
El caso demuestra el nivel de deterioro institucional que enfrenta Haití.
Una organización criminal pudo perseguir personas durante varios días, secuestrarlas, asesinarlas, destruir sus cuerpos, controlar las comunicaciones y mantener sometida a una población.
Y todo ocurrió en Puerto Príncipe, la capital del país.
Ese es quizás el elemento más preocupante.
No se trató de un hecho aislado ocurrido en una zona rural sin presencia institucional.
Ocurrió dentro de una ciudad donde el Estado ha perdido grandes extensiones de territorio frente a organizaciones armadas.
El caso de Micanor también demuestra cómo las pandillas pueden transformarse en estructuras de poder.
- Control territorial.
- Cobro de dinero.
- Control de mercados.
- Restricciones de movimiento.
- Amenazas.
- Violencia.
Y, finalmente, una especie de autoridad paralela.
Por eso, la masacre de Wharf Jérémie tiene una dimensión regional.
República Dominicana comparte la isla con Haití.
Todo lo que ocurre del otro lado de la frontera puede terminar teniendo repercusiones sobre nuestro país: seguridad fronteriza, tráfico de armas, migración, comercio, contrabando, narcotráfico y estabilidad regional.
La lección es brutal: cuando el Estado abandona un territorio, alguien ocupa el espacio vacío.
Y en Wharf Jérémie ese espacio fue ocupado por una organización criminal que terminó decidiendo quién vivía y quién moría.
La historia de los 207 muertos de diciembre de 2024 no debería quedar solamente como una página negra de Haití.
Debe servir también como advertencia.
Porque cuando una banda criminal llega a convertirse en autoridad de facto de una comunidad, la pregunta ya no es solamente cuántos delincuentes existen. La pregunta es quién manda realmente.
Y en el caso de Haití, esa pregunta sigue sin tener una respuesta tranquilizadora.
HISTORIA
PARTE IV
Micanor, el “rey” que gobernaba con sangre y miedo
PARTE III
207 muertos y un macabro plan: machetes, fuego y mar para borrar las huellas
PARTE II
El hijo enfermo y la orden de matar a los “hechiceros”
https://www.relampagoinformativo.net/opinion/2026/10/parte-ii/



