PICANTE

Motos “secuestradas”, frontera porosa y cuentos que ya nadie se traga

 

En Piedra Blanca denuncian operativos de la DICRIM contra motociclistas; en la frontera hablan de puntos de drogas, tráfico de ilegales y hasta de militares vinculados sentimentalmente con haitianas; mientras los “intercambios” de disparos y la inseguridad siguen dando de qué hablar.

Buenos días…

En Piedra Blanca, Bonao, hay un griterío que no debe echarse debajo de la alfombra. Denuncian el supuesto “secuestro” de motocicletas a jóvenes que, según aseguran, circulan con sus documentos en regla. Y eso hay que investigarlo.

 De acuerdo con las denuncias que nos llegan, quienes estarían realizando esos operativos serían agentes de la DICRIM. ¡Oigan eso!

Si la motocicleta tiene sus documentos y el ciudadano también, ¿cuál es el pecado? ¿O será que ahora los motores tienen que andar con abogado, notario y padrino?

Que se investigue. Porque una cosa es perseguir al delincuente y otra muy distinta es convertir al ciudadano en sospechoso por decreto.

Satanás habría hecho campamento en Elías Piña. Mientras tanto, en Elías Piña parece que se soltó Lucifer  y las denuncias vienen con candela.

Nos hablan de puntos de drogas “al por mayor y al detalle”, así como de supuestos albergues utilizados para “aguacear” a extranjeros en condición irregular que ingresan al país tras cruzar la frontera dominico-haitiana, muchas veces a pie por los ríos Artibonito y Masacre, y otras tantas atravesando montes y zonas boscosas.

Según esas versiones, en localidades fronterizas permanecen hasta que paguen sus viajes o sean trasladados hacia su destino final. ¡Ave María Purísima!

Si eso es cierto, que ya nadie lo duda, ¿quién está mirando? ¿Quién está cobrando? ¿Quién está dejando pasar? Porque en la frontera, aparentemente, hasta el viento tiene que presentar documentos.

Por cierto, hay una cifra que da miedo y que debe ser verificada. Nos cuentan que alrededor del 40 % de los militares de la zona fronteriza estarían casados o conviviendo bajo el mismo techo con ciudadanas haitianas, con quienes han procreado hijos. y que sus hijos serían legales y ellas estarían en condición migratoria irregular.

Y nos cuentan, además, que esas mujeres estarían “blindadas” por esas relaciones y que, contra ellas, los agentes de la Dirección General de Migración tendrían las manos atadas.

¡¿Escucharon?! Si esa denuncia tiene fundamento, en buen castellano eso tiene un nombre muy feo: quiebre y relajo institucional.

Pero como aquí no queremos cuentos ni cuentos chinos, que se investigue y se diga la verdad.

Los llamados “intercambios de disparos” siguen su agitado curso en República Dominicana. La tarde del jueves cayó un joven identificado como Samuel Antonio Brook de los Santos, conocido como “Bombita” o “Piti”. Se dice que era haitiano.

Pero, según testigos del barrio, «Bombita» no habría utilizado arma de fuego. Entonces aparece la pregunta del millón: ¿hubo realmente un intercambio de disparos o estamos ante otro libreto policial?

Eso no se resuelve con comunicados. Se resuelve investigando. Porque si hubo enfrentamiento, que se demuestre. Y si no lo hubo, también.

Insistimos. El hecho ocurrido en la residencia del merenguero Julián Oro Duro, en Santo Domingo Este, donde su esposa habría sido torturada de manera despiadada y asesinada, no debe ser salcochado.  Ese caso tiene que llegar hasta las últimas consecuencias. ¡Caiga quien caiga!

Y todo aquel que haya tenido en sus manos prendas, dinero o cualquier evidencia relacionada con el hecho debe ser investigado, sin importar nombre, apellido, rango, posición social ni amistad. Aquí no puede haber vacas sagradas.

Y ojo con esto. A a este país no deben seguir vendiéndole cuentos. La gente ya no cree en historietas, mucho menos en relajos.

Las muertes ocurridas durante intervenciones policiales no han demostrado por sí solas que los hechos delictivos hayan disminuido. Ese cuento, repetido sin resultados visibles para la ciudadanía, cada vez convence menos.

Mientras tanto, el ciudadano común siente cada día más temor de salir a la calle. La inseguridad es insoportable. 

Y la inseguridad ciudadana no se enfrenta hablando bonito en los medios de comunicación ni tirando frases de película en las redes sociales. Se enfrenta con inteligencia, investigación, prevención, persecución del delito y resultados.

Mientras el Gobierno no enfrente con seriedad y transparencia el narcotráfico y el microtráfico, seguirán los asaltos, robos, despojos y hechos violentos en calles y barrios. Y ojo. ¡Que investiguen a ver si no es así!

Desde 2020, según las versiones que hemos recibido de fuentes vinculadas al ámbito policial, se habría producido un resurgimiento de pandillas en distintos barrios. ¿La razón?

Fuentes policiales y expertos en seguridad consultados apuntan al incremento del microtráfico como uno de los factores que estarían alimentando ese fenómeno.

Entonces, ¿por qué no meterle el bisturí al problema? Porque mientras se persigue al muchacho que vende una bolsita, puede que los peces gordos estén tomando café tranquilamente.

Y atención, presidente Luis Abinader: Por la frontera dominico-haitiana, según las denuncias que recibimos, sigue entrando y saliendo de todo. ¡Escuchó! ¡De todo!

Ahora bien, si eso es falso, mucho mejor. Pero si tiene algo de verdad, entonces la pregunta es sencilla: ¿quién controla la frontera?

Porque una frontera que se puede cruzar como quien atraviesa una calle, deja de ser frontera y se convierte en una puerta abierta.

¡No! Eso no puede ser verdad. Permítannos dudarlo. Nos cuentan que la popularidad del senador de la provincia Elías Piña rondaría apenas el 5 % y que estaría en descenso.

También nos llega la versión de que un diputado, que supuestamente aspiraría a senador, si no mete el brazo y sacude los bolsillos, no ganaría ni una simple regiduría. ¡Ay, Dios!

Pero como eso es una versión, que midan, que publiquen y que hablen los números. Porque en política hay quienes creen que el pueblo tiene precio. Y a veces descubren, demasiado tarde, que el pueblo también sabe pasar factura.

Y al que le pique… ¡Que se rasque!

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