OPINION

¿Héroes o mercenarios? Colombia y el magnicidio de Jovenel Moïse

Resulta, cuando menos, extraño el proceder del presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, al asumir una posición de defensa hacia 17 exmilitares colombianos implicados en el magnicidio del presidente haitiano Jovenel Moïse, ocurrido en Puerto Príncipe.

Según sus declaraciones, los colombianos procesados en Miami, Estados Unidos, serían prácticamente “héroes”, a quienes no dejará solos durante el juicio que se les sigue por su presunta participación en uno de los hechos más estremecedores de la historia reciente de Haití.

¿Héroes de qué?

Aquí surgen preguntas elementale:

  • ¿En qué cuartel se decidió liquidar al presidente de Haití?
  • ¿Quién dio las órdenes?
  • ¿Quién las recibió?
  • ¿Quién organizó el viaje?
  • ¿Quién facilitó los recursos?
  • ¿Quién conocía el propósito de aquella operación?

Los exmilitares colombianos habrían viajado hasta Santo Domingo y, posteriormente, cruzado hacia Haití, llevando consigo los instrumentos necesarios para ejecutar una operación, cuyo desenlace fue el asesinato de un mandatario constitucional.

Entonces, si fueron contratados como mercenarios para una misión que terminó con la muerte de un jefe de Estado, ¿en qué momento dejaron de ser presuntos implicados para convertirse en “héroes”?

Tres países en una ruta macabra

El magnicidio de Jovenel Moïse no fue un episodio aislado. La ruta seguida por los implicados involucró a Colombia, República Dominicana y Haití, tres Estados conectados de una manera que todavía plantea demasiadas preguntas sin respuestas satisfactorias.

Legalmente, cualquier estudiante de Derecho podría formular una hipótesis inquietante: si ciudadanos colombianos participaron en una operación destinada a asesinar a un presidente extranjero, habría que determinar quién los contrató, quién los financió, quién los coordinó y, sobre todo, quién estaba detrás de la operación.

Eso, por supuesto, corresponde determinarlo a las autoridades y tribunales competentes, no a la especulación.

Pero hay preguntas que siguen flotando en el aire.

¿Y nadie olfateó la tragedia?

También cabe preguntarse si las autoridades de inteligencia de los estados involucrados detectaron aquella operación antes de que terminara en el asesinato de Jovenel Moïse.

Porque resulta difícil comprender que un grupo de extranjeros pudiera desplazarse, organizarse y ejecutar una operación de semejante magnitud sin que ninguna agencia de inteligencia, ningún organismo de seguridad o ninguna autoridad hubiera advertido lo que estaba ocurriendo.

Y aquí aparece la parte más picante del asunto: Si quienes están acusados de participar en el magnicidio son “héroes”, entonces habrá que explicar ante el mundo qué clase de hazaña heroica fue aquella que terminó con la vida de un presidente.

El caso está en manos de la justicia estadounidense. Allí deberán presentarse las pruebas, establecerse responsabilidades y determinarse quiénes fueron simples ejecutores, quiénes organizaron la operación y, finalmente, quién movió los hilos del magnicidio de Jovenel Moïse.

Porque en este oscuro episodio todavía quedan demasiadas preguntas y muy pocas respuestas.

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