Ucrania y Rusia intercambian fuego, mientras Trump y Macron buscan frenar la guerra

Ataques con misiles y drones dejan muertos y heridos en ambos países, golpean infraestructura estratégica y elevan la tensión justo cuando Washington y París intentan abrir una vía para detener los ataques contra instalaciones energéticas y civiles.
Misiles y drones vuelven a sacudir a Ucrania
EUROPA
Rusia lanzó durante la noche una nueva oleada de misiles y drones contra distintas regiones de Ucrania, incluidos Kiev y Dnipropetrovsk, en ataques que provocaron muertos, heridos y daños en infraestructura industrial, ferroviaria y energética.
Según autoridades ucranianas, cuatro personas murieron y 11 resultaron heridas durante los ataques registrados en Kiev y otras regiones. También fueron afectados negocios, almacenes, instalaciones ferroviarias y subestaciones eléctricas.
El Ministerio de Defensa ruso, por su parte, afirmó que sus fuerzas atacaron instalaciones vinculadas con los sectores metalúrgico, químico, energético y militar-industrial de Ucrania. Estas afirmaciones corresponden a la versión oficial de Moscú y no han podido ser verificadas de manera independiente en todos sus detalles.
Moscú habla de ataques de precisión
La ofensiva rusa fue presentada por el Ministerio de Defensa como una operación coordinada con misiles y drones contra objetivos estratégicos ucranianos.
Entre los blancos señalados por Moscú figuran instalaciones industriales, energéticas y logísticas. La información difundida por fuentes rusas también menciona el empleo de armamento de alta precisión, aunque las versiones sobre tipos específicos de misiles y los daños causados deben manejarse con cautela hasta contar con confirmación independiente.
Lo que sí está confirmado es que la noche de ataques dejó un nuevo saldo de víctimas civiles y daños materiales, mientras ambos bandos continúan golpeando infraestructura que resulta fundamental para sostener sus respectivas capacidades militares y económicas.
Un muerto y cuatro heridos
Mientras Ucrania recibía los ataques rusos, drones ucranianos golpearon la región rusa de Samara, donde las autoridades informaron de una persona muerta y cuatro heridas.
El gobernador regional, Vyacheslav Fedorishchev, informó que viviendas y vehículos resultaron afectados y que las defensas aéreas interceptaron numerosos drones. La operación también estuvo relacionada con instalaciones industriales de la zona, incluida la refinería de Kuibyshev, donde se reportó un incendio.
La secuencia vuelve a demostrar que la guerra ya no se limita a las trincheras: la infraestructura energética, las refinerías, las redes ferroviarias y los centros industriales se han convertido en piezas centrales del enfrentamiento.
Lavrov acusa a Occidente de librar una batalla informativa
En paralelo a la guerra militar continúa la guerra de versiones.
El canciller ruso, Serguéi Lavrov, acusó este martes a medios occidentales de atribuir a Rusia incidentes relacionados con drones en territorio europeo sin pruebas suficientes.
Lavrov sostuvo que algunas informaciones terminan siendo corregidas o pierden fuerza después de varios días y calificó esa dinámica como una campaña de confrontación informativa contra Moscú. Sus declaraciones constituyen la posición del Gobierno ruso y se producen en medio de acusaciones contrapuestas entre Moscú, Kiev y gobiernos europeos sobre incursiones y amenazas con drones.
Trump y Macron buscan una pausa
Mientras los misiles siguen volando, la diplomacia intenta abrir un espacio.
El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que tras reunirse con Donald Trump acordaron trabajar para conseguir una moratoria sobre los ataques contra la infraestructura energética y civil de Ucrania.
Macron planteó que la protección de los civiles debe acompañarse de negociaciones sobre las condiciones de una eventual paz entre Rusia y Ucrania. También dijo que Francia y Estados Unidos trabajarán conjuntamente para reducir las tensiones en los mercados energéticos, proteger infraestructura crítica en Oriente Medio y garantizar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz.
El planteamiento llega en un momento particularmente delicado: mientras los líderes hablan de desescalada en Nueva York, Rusia y Ucrania continúan intercambiando ataques que golpean precisamente los sectores que Macron y Trump pretenden proteger.
Y ahí está la contradicción de esta guerra: en la mesa se habla de paz; en el cielo, los misiles siguen hablando de guerra.



