Segunda Guerra Mundial: la paz que no logró apagar el resentimiento

El fracaso del orden surgido después de 1918, la crisis económica, el expansionismo nazi y el enfrentamiento entre potencias llevaron al mundo a una guerra todavía más destructiva.
La Segunda Guerra Mundial no apareció de la nada. Fue, en buena medida, consecuencia de los problemas que quedaron sin resolver después de la Primera Guerra Mundial.
Alemania quedó golpeada económica y políticamente por el Tratado de Versalles. La Gran Depresión de 1929 agravó el desempleo, la pobreza y la desesperanza de millones de personas. En ese ambiente crecieron los movimientos políticos extremistas que prometían recuperar la grandeza nacional.
Adolf Hitler y el nazismo aprovecharon ese descontento. Alemania comenzó a rearmarse, desafió las restricciones de Versalles y desarrolló una política abiertamente expansionista.
Al mismo tiempo, Italia bajo Benito Mussolini y Japón impulsaban sus propios proyectos expansionistas. Japón avanzaba militarmente en Asia; Italia buscaba ampliar su dominio en África; y Alemania pretendía construir un enorme espacio de dominio europeo.
Las democracias occidentales intentaron inicialmente evitar otra guerra mediante concesiones y negociaciones. Sin embargo, la política de apaciguamiento no consiguió detener a Hitler.
La invasión alemana de Polonia, el 1 de septiembre de 1939, provocó la declaración de guerra de Reino Unido y Francia. La Segunda Guerra Mundial había comenzado.
El conflicto terminó en 1945 después de una destrucción sin precedentes. Decenas de millones de personas murieron. El Holocausto provocó el asesinato sistemático de aproximadamente seis millones de judíos europeos, además de millones de otras víctimas de la persecución nazi.
Las ciudades quedaron destruidas, Europa quedó económicamente devastada y el equilibrio mundial cambió.
Estados Unidos y la Unión Soviética emergieron como las dos grandes superpotencias, dando nacimiento a la Guerra Fría.
La creación de la Organización de las Naciones Unidas buscó establecer un mecanismo internacional capaz de evitar otra conflagración mundial. También comenzó la era nuclear después de que Estados Unidos utilizara armas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki.
La Segunda Guerra Mundial dejó una enseñanza todavía más aterradora: el desarrollo tecnológico puede convertir una guerra entre potencias en una amenaza para la existencia misma de la humanidad.
En 1945 el mundo entró en una nueva era. Ya no se trataba solamente de quién tenía el ejército más poderoso. Por primera vez, las grandes potencias poseían armas capaces de destruir ciudades enteras en cuestión de segundos.



