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Así fue el parto de mi madre

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Mensaje 4815

 

  AYUDAME A SALVAR UNA VIDA  

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

REFLEXIONESUn 28 de octubre del 1950, día de San Judas Tadeo, dos jóvenes con apenas 29 y 21 años, quienes se jugaron la vida al casarse, en contra de los mandatos del tirano y dictador de la época, él por ser militar, ella perteneciente a una familia “comunista”, se confundían en la pasión y el amor que siempre se juraron a pesar de los contratiempos y las amenazas.

Aquel milagro humano, creado por el mismo Dios, el de la concepción, hizo posible que un simple esperma, perteneciente a un joven lleno de ilusiones, muy enamorado y dominado por su pasión, fecundara el óvulo de aquella inocente mujer, cuya delicadeza angelical la envolvía en los brazos de su amado, depositando sus sueños de tener una hermosa familia, en manos de su primer y único novio que la hechizó desde el primer momento en el que se vieron.

Aquella hermosa noche, ese encuentro hizo posible que Dios manifestara su grandeza, tal como nos lo dice en Jeremías 1:5, “Antes de formarte en el vientre materno, ya te conocía. Antes de que nacieras, ya te había apartado; te había destinado a ser profeta de las naciones». Significa que Dios tiene un conocimiento íntimo, un propósito y una misión para cada vida desde antes de la creación.

Y es que, aquella criatura ya en formación, Dios la conocía, la había elegido desde ya, y le había destinado con un fin específico, una misión, un propósito que cumplir para este mundo.

Se trataba ni más ni menos que, de Víctor Martinez, no por ser un ser especial, pues Dios nos trata a todos de igual forma y por el Bautismo, los cristianos participamos del sacerdocio, profecía y realeza de Cristo.

Como sacerdotes, debemos ofrecer la vida en adoración y servicio; como profetas, testimoniar la Palabra de Dios con nuestras palabras y acciones; como reyes, ejercer liderazgo con humildad y amor, transformando el mundo según el Evangelio. Esta triple misión refleja la vocación universal de todos los bautizados a vivir plenamente su fe en la Iglesia y en el mundo.

El problema está en que son muchos los que no asumen los mandatos de Dios y otros lo asumimos de por vida con responsabilidad y fe.

Pasaron nueve meses y justo un 28 de julio del 1951, desde aquel lugar tan confortable, cálido, lleno de amor y protección, decide aquel niño abandonarlo y salir de su zona de confort, al mundo, para enfrentar los retos al cumplir con la misión asignada por Dios.

Fuertes dolores, sufrió aquella madre, quien en su habitación fue asistida por una partera (comadrona), de nombre María, aquella señora que con gran experiencia acostumbraba a asistir en la casa a quienes por alguna razón no alcanzaban a llegar a un centro médico.

Eran apenas las 7 de la mañana, se escuchó un grito, el grito de aquella criatura que pareciera estar viendo lo que le esperaba en este “valle de lágrimas”, era el natural, pero exagerado llanto de un bebé que, al dejar aquel lugar tan seguro, de repente se enfrentaba a su troquelado (primer trauma del nacimiento).

Su madre agotada por aquel difícil parto, algo incómoda, expresó cuando le acercaron su hijo: “ese muchacho tan feo, llévatelo de ahí”, palabras que, si bien es cierto que fueron la primera programación mental recibida, no es menos cierto que luego fueron sepultadas, por todo el amor que esa madre volcó en su hijo de por vida.

La verdad es que nunca me sentí ni rechazado, ni feo, pero sí especial, por ser muy sensible, tímido, retraído, muy bueno, obediente, con una fuerte tendencia a lo espiritual, me gustaban desde niño, los santos, la Iglesia, los cánticos, ese mundo que no alcanzaba a entender por mi edad, pero que me atraía de manera muy especial.

Mucho tiempo a transcurrido desde entonces, benditos sean mis padres, Miguel y Laura, Glorificado sea Dios quien los unió para hacer posible que yo llegara a este mundo, vivan mis familiares y todos los que a través de mi trayectoria me han dado amor, me han apoyado y me han acompañado, bendícelos a todos Señor.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al amor y apoyo brindado por mi hermana Mayra Martinez. Bendícela, Señor.

Hasta la próxima.

 

 

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