¿Dónde quedó la reforma policial?
Mientras el narcotráfico y el microtráfico desafían al Estado, crecen las dudas sobre una reforma policial que ha consumido miles de millones de pesos sin convencer a la ciudadanía.

Buenos días…
Si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, impulsó una ofensiva de gran escala contra el narcotráfico en el Caribe, con operaciones para interceptar y hundir embarcaciones utilizadas por organizaciones criminales, ¿por qué en República Dominicana no puede librarse una batalla igual de firme contra esos delincuentes, aquí, en su propio territorio?
El crecimiento del narcotráfico y, sobre todo, del microtráfico, preocupa cada vez más. Es una amenaza que se expande y que debe enfrentarse con decisión, sin vacilaciones y sin privilegios para nadie.
En República Dominicana tampoco es un secreto que personas vinculadas al narcotráfico han ocupado espacios de poder. Algunos casos han terminado en procesos de extradición hacia Estados Unidos, alimentando el debate sobre el alcance de esas estructuras criminales.
Si Washington realmente mantiene como prioridad el combate al crimen organizado en el Caribe, esa cooperación debe fortalecerse. El Departamento de Justicia de Estados Unidos debe continuar reclamando la extradición de quienes, conforme a las investigaciones judiciales correspondientes, estén vinculados al narcotráfico, sin importar si son militares, policías, funcionarios, legisladores o figuras de influencia. La lucha contra el crimen organizado no debe admitir privilegios.
En República Dominicana, así como el presidente Luis Abinader ha reiterado que la delincuencia debe enfrentarse en su propio terreno, también el microtráfico debe combatirse donde opera, respetando siempre el marco legal y el debido proceso. Los puntos de drogas no pueden seguir adueñándose de barrios, calles ni propiedades privadas ocupadas ilegalmente para convertirlas en centros de distribución.
Por eso reconocemos la actuación del director regional de la Policía en Santo Domingo Este, del comandante del Departamento de Ciudad Juan Bosch y del supervisor del sector La Ureña, quienes desmantelaron un punto de drogas levantado en una propiedad privada, donde fueron ocupadas diversas sustancias controladas. Esa es la respuesta que la ciudadanía espera de las autoridades. Tenemos todos los datos e imágenes de esa operación. Y no por vía policial.
Y ya que hablamos de la Policía Nacional, también es momento de recordar otras promesas pendientes.
Presidente Abinader, llegó la hora de cumplir el compromiso asumido con miles de policías activos y pensionados sobre la mejora de sus salarios y condiciones de vida. Quienes arriesgan diariamente su integridad merecen una remuneración digna.
El cambio no puede quedarse en discursos ni en campañas publicitarias. La población espera resultados concretos, no consignas. Y aquí no hubo tal aumento ni para pensionados ni para todos los policías activos. Únicamente para alistados. Mienten cuando dicen que a los policías les aumentaron su salario.
Resulta difícil convencer a una ciudadanía que enfrenta el alto costo de la vida cuando escucha afirmaciones que, para muchos dominicanos, no reflejan su realidad cotidiana.
En los próximos días abordaremos con mayor profundidad la situación salarial de los miembros de la Policía Nacional, las promesas realizadas durante la campaña y el verdadero balance de la llamada reforma policial. Una reforma en la que se han destinado miles de millones de pesos, pero cuyos resultados siguen siendo motivo de cuestionamientos.
La institución continúa enfrentando denuncias, escándalos y problemas internos que afectan su credibilidad y la moral de miles de agentes honestos que cumplen su deber cada día. Porque a los sinvergüenzas, a los protagonistas de esos escándalos, las críticas no les preocupa.
Y al cierre…
Presidente Abinader, la Policía Nacional atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Un cambio de uniforme nuevo no basta para recuperar la confianza ciudadana.
Es momento de ordenar una auditoría independiente sobre los recursos destinados a la reforma policial; revisar el manejo de los fondos públicos destinados para esa institución; esclarecer el uso de los combustibles durante gestiones anteriores, principalmente por la encabezada por el mayor general Ramón A. Guzmán Peralta; investigar qué ocurrió con las municiones que terminaron en manos de pandillas haitianas, conforme a las investigaciones oficiales; revisar los incentivos económicos, las denuncias sobre venta de ascensos, traslados y pensiones, las denunciadas retaliaciones internas y los procesos de reintegración de oficiales.
La transparencia no debilita a las instituciones… la fortalece.
Entonces, presidente Abinader, la pregunta sigue sobre la mesa: ¿existe realmente una reforma policial o solo una reforma en el papel?



