Trump garantía de la paz mundial

Respaldemos las iniciativas de paz del presidente Donald Trump y cerremos filas sobre la base de identificar quiénes son los contradictores de la paz y a quién beneficia la guerra.
El protagonista de esta apuesta por la paz es el presidente Donald Trump, quien, con su temperamento y su habilidad para negociar, ha constreñido a los guerreristas mundiales y, sobre todo, ha contribuido a estabilizar, quiérase o no, el precio del petróleo frente al cartel que controla los hidrocarburos.
Por tanto, la Presidencia de los Estados Unidos, en manos del presidente Donald Trump, está enfrentada a esos intereses globalistas y mundialistas que, de manera desenfrenada y sin ningún tipo de límite, pretenden llevar a la humanidad a un nuevo holocausto.
El Partido Republicano de los Estados Unidos de Norteamérica, bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, ha comprendido las limitaciones de poder con que cuentan sus estructuras financieras y militares.
Los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica, en este momento, solo los defiende el presidente Donald Trump y el equipo de gobierno que traza las líneas de gobernabilidad y procura hacer renacer el liderazgo del pueblo norteamericano, tal como nació: libre y soberano, desprovisto de los títulos nobiliarios y de las retrancas reales de la Edad Media, período que representó el oscurantismo por su negación de los valores que hoy llamamos democráticos y que quedaron consagrados en la Constitución de los Estados Unidos.
El presidente Donald Trump enfrenta a medios de comunicación controlados, según esta visión, por los mismos intereses que dominan el negocio de las armas y que hoy prevalecen en la guerra del estrecho de Ormuz y en otros conflictos proxy, como suele llamarse a las guerras focalizadas en distintas regiones del mundo.
Quienes vivimos en América Latina debemos apostar por la paz mundial y respaldar las iniciativas conciliatorias del presidente Donald Trump, aunque los medios de comunicación comprometidos con la guerra pretendan sabotear la legitimidad de su discurso de paz y el de su equipo del Partido Republicano.
La mezquindad de los grandes cables internacionales dirigidos por los sectores guerreristas resulta descomunal. La narrativa de sus titulares forma parte de una campaña premeditada para provocar el fracaso del presidente Donald Trump en sus gestiones por la paz mundial y, sobre todo, para impedir que el memorándum de entendimiento con Irán avance oportunamente y cesen los enfrentamientos en esa región, por el bien de la humanidad.
Desde que el presidente Trump anuncia un acuerdo, los titulares procuran sembrar dudas. Además, advierten de manera maliciosa que Irán no cumplirá los compromisos y llegan incluso a insinuar que el propio presidente Donald Trump volverá a ordenar ataques en el estrecho de Ormuz y dejará sin efecto la tregua alcanzada entre las partes.
Todo ello constituye, según este planteamiento, un esquema promovido por grupos mundialistas y globalistas, dueños del gran capital, a los que el dirigente político estadounidense Lyndon LaRouche denominó la «Sinarquía Mundial», una élite que, a su juicio, no respeta fronteras ni nacionalidades y que ha construido reducidos círculos de poder, reunidos en foros internacionales como los de Davos, para legitimar sus intereses económicos y promover un nuevo modelo de dominación, apoyado en la alta tecnología y en una modernidad que consideran aparente.
En la más reciente reunión celebrada en Ankara, Turquía, con motivo de un encuentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la prensa crítica volvió a enfrentar al presidente Donald Trump. En lugar de destacar su participación y sus aportes, algunos medios llegaron a afirmar que «ladra más de lo que muerde» y resaltaron un supuesto contraste entre lo que expresa en público y lo que discute en privado, como si todas las negociaciones diplomáticas entre Estados debieran hacerse de conocimiento público.

Más aún, calificaron el encuentro con un evidente tono irónico al afirmar que «había mucho amor», para luego destacar que el barril de petróleo aumentó un 5.2 %, alcanzando los 78.02 dólares en el mercado de Londres, atribuyendo esa variación al comportamiento del cartel petrolero.



