Con Abinader, lo que sube no baja y el pueblo sufriendo
Mientras el bolsillo arde con gasolina premium, en Monte Plata denuncian que los depredadores tienen más padrinos que una boda árabe

Buenos días
Las mentiras repetidas muchas veces quizás se conviertan en “verdad” dentro del álgebra política de algunos funcionarios.
Pero en los supermercados, en los colmados y en las estaciones de combustibles dominicanas, esa matemática no funciona ni con calculadora prestada.
Porque los precios siguen por las nubes… y el pueblo sigue con los pies clavados en la tierra, pagando apagones caros, comida cara y combustibles todavía más caros.
Las facturas eléctricas parecen premios de lotería… pero al revés: siempre llegan altas y nadie se las gana. Y mientras tanto, los apagones continúan haciendo más visitas que un cobrador bancario.
Y con los combustibles ocurre el mismo milagro dominicano: todo sube… pero nada baja.
Cuando Luis Abinader llegó al poder, encontró la gasolina premium a RD$206.60 por galón y la regular a RD$196.30.
Hoy la premium ronda los RD$323.10 y la regular los RD$301.50. Histórico… sí. Pero históricamente doloroso.
El GLP, que en agosto de 2020 costaba RD$111.80, hoy anda por RD$137.20. Y eso que nos prometieron alivio, transparencia y “cambio”. Parece que el cambio era de precio… para arriba.
Lo curioso es que entre 2020 y 2026 el petróleo WTI también bajó a niveles cercanos a US$34 y US$36 por barril, pero aquí los combustibles nunca se enteraron. Se quedaron sordos para bajar y veloces para subir.
Y hay más memoria que gasolina subsidiada.
En octubre de 2018, cuando Abinader denunciaba una supuesta “estafa” con los precios de los combustibles, el petróleo estaba en US$76.55 el barril y la gasolina premium costaba RD$240.60.
Pero vámonos más atrás todavía.
En julio de 2008, cuando el petróleo alcanzó el récord histórico de US$145.31 por barril y el dólar rondaba los 46 pesos, la gasolina premium costaba RD$208.80 y la regular RD$199.10.
Es decir: hoy el petróleo vale menos que en aquella crisis mundial… pero aquí la gasolina vale muchísimo más.
¡Ave María Purísima! Parece que los combustibles dominicanos tienen doctorado en inflación creativa.
Los mismos que antes gritaban “¡mafia de los combustibles!” ahora hablan bajito, miran para el techo o se hacen los locos tratando de justificar lo injustificable.
Pero hablando de mafias… En La Altagracia, el sindicato SICHOPROLA y su dirigente Leonte Torres denuncian que están siendo víctimas de una supuesta mafia vinculada a los combustibles subsidiados.
Y esa denuncia no viene de cualquier esquina. También ha sido levantada públicamente por Juan Hubieres, quien asegura que hay sectores privilegiados haciendo fiesta con el subsidio, mientras el chofer de a pie sobrevive a puro crédito y oración.
Pero las autoridades, como siempre, parecen estar viendo Netflix institucional… porque miran para otro lado.
Y en ese rebú aparece bailando un viejo conocido de la política y el transporte: Antonio Marte, el eterno aspirante presidencial, el mismo nombre ligado al inolvidable Plan Renove, aquel escándalo que todavía hace sudar expedientes viejos.
Mientras tanto, cada crisis internacional termina descargándose sobre los hombros de la clase media y de los pobres dominicanos, que son quienes pagan la factura completa de la “crisis de Irán”, aunque nunca hayan visto un mapa del Golfo Pérsico.
Y aquí seguimos: entre discursos, fanfarrias y ruedas de prensa kilométricas, donde todo “va bien”, aunque el bolsillo diga exactamente lo contrario.
Pero no todo el humo sale de los combustibles. En Monte Plata continúan las protestas contra los depredadores ambientales en Loma Managua y el río Boya. Comunitarios y ambientalistas denuncian que sectores poderosos están destruyendo zonas boscosas y montañosas donde nacen ríos y arroyos fundamentales para la provincia.
Según los denunciantes, los invasores no son improvisados de patio, sino gente con “poder en los altares”, protección política y padrinos más fuertes que un café sin azúcar.
Y mientras el presidente mira para San Juan, Monte Plata sigue gritando sola.
Y al cierre…
La violencia y la inseguridad continúan desbordadas. Los robos, atracos y denuncias de microtráfico aparecen por todas partes, mientras muchos ciudadanos sienten que el miedo ya tiene más presencia en los barrios que las patrullas policiales.
Pero tranquilos… seguro pronto anuncian otra “mesa de diálogo”. Porque aquí el problema nunca falta. Lo que falta es la solución.



