Trump bajo fuego: ¿Lobo solitario o mano oculta?

Es tercer intento de asesinato
En Derecho Penal, la tentativa se castiga como el crimen mismo.
En el caso del presidente Donald Trump, fue objeto de una tentativa, con principios de ejecución, en el Hotel Washington Hill, en medio de una cena para corresponsales de la Casa Blanca y casi todo el Gobierno americano.
En la legislación norteamericana, ya se le han leído los cargos al imputado Cole Allen, y, a su vez, le han advertido, en una audiencia de 15 minutos, que será investigado por tratar de darles muerte al presidente Donald Trump y a funcionarios que se encontraban en dicha cena, lo cual conlleva una sanción penal de cadena perpetua.
Pero el sistema norteamericano es tan singular que también le imputan el traslado de armas de un estado a otro, como fue alojarse en el hotel días antes de la cena y llevar un fusil, una pistola y varios cuchillos (que constituyen el elemento material de la incriminación).
Y, por otra parte, tendrá que acumularse el hecho de haberle disparado a la seguridad presidencial y, a su vez, intentar matarlo, no logrando dicho objetivo debido a que el guardia de seguridad tenía un chaleco antibalas que le protegió la vida. Es decir, un crimen seguido de otro crimen.
Me llama la atención que la tercera imputación es haber descargado un arma y, a mi modo de análisis, parece una imputación fútil y carente de sentido legal, pues el atacante, al ser descubierto, intentó matar al agente de seguridad, a quien alcanzó con los disparos y, gracias a las previsiones de los chalecos antibalas, dicho agente pudo repeler la agresión y someterlo a la obediencia, sin matarlo; ¡fue arrestado!
Eso es en el plano fáctico de lo que ocurrió esa noche en el Hotel Washington Hill y, a su vez, debemos remontarnos al pasado, cuando el presidente Ronald Reagan fue baleado a la salida de dicho hotel un día 30 de marzo de 1981 y también salvó la vida.

Lo que importa en este momento, desde el punto de vista político, es la narrativa de dicho acontecimiento criminal y, a su vez, analizar todos los mensajes de odio con que ha sido vituperado el presidente Donald Trump desde antes de asumir la presidencia de los Estados Unidos, por parte de la parcialidad de la justicia, que incluso llegó a formular un expediente por haber pagado con dinero negro a una actriz porno, con lo cual subieron los votos, las contribuciones y se afianzó aún más el triunfo del presidente Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos.
Surge, dentro de la población, fuera y dentro de los Estados Unidos, un cuestionamiento a los protocolos de seguridad o dispositivos de defensa en casos de agresiones como la que ocurrió en este lugar paradigmático y con personas de tanta influencia, tanto en el gobierno como en el sector privado.
Sin embargo, ya empieza a analizarse un mensaje que supuestamente el agresor, Cole Allen, ing., norteamericano de California, según las primeras investigaciones, dirigió desde su celular antes de cometer el crimen de tentativa de asesinato en el hotel.

Pero las pasiones políticas son realmente desbordantes: quienes odian al presidente Trump lo acusan de generar odio y, a su vez, sin ningún tipo de complacencia, hasta dicen que se trata de un truco, una escena de Hollywood, para procurar ventajas políticas y mejorar la diatriba por el impase de la guerra de Irán, el estrecho de Ormuz y los ataques en Palestina por parte de Israel y su contraofensiva, que ya está involucrando a Rusia y China, con Pakistán de mediadora.
Los medios de comunicación se han atrincherado: unos a favor del presidente Donald Trump y otros, de forma furibunda, en contra del presidente Donald Trump, a tal punto de acusar de pirata y terrorista, por el bloqueo naval en Irán, a los Estados Unidos de Norteamérica.
Los opositores al presidente Trump levantan las pancartas de la persecución a los ilegales por parte del gobierno de Trump y, a su vez, le indican un rosario de actuaciones y quieren etiquetarlo como un gran ultraderechista.
La narrativa de los republicanos y del propio presidente Donald Trump es etiquetar de izquierdistas, ateos, globalistas y propulsores de odio, a tal punto que un comediante famoso norteamericano, un día antes del atentado criminal, pronosticó que la esposa del presidente Trump, la señora Melania Trump, quedaría viuda, cosa que ha inquietado y molestado a dicha dama, elevando su voz de protesta.
Y así las cosas, el panorama mundial está sumamente enardecido y complejo, en medio de tantas muertes y tantas poblaciones destruidas y otras desplazadas en carros y bicicletas, lo que horroriza y crea gran indignación cuando se observa a niños, mujeres y ancianos fatigados de la violencia y los bombardeos inclementes en el Medio Oriente.
Los dominicanos hemos visto en el presidente Donald Trump un aliado extraordinario, que le ha cerrado el camino a los vendepatrias que, a través del Partido Demócrata en los Estados Unidos, junto al Caucus Negro, nos han querido imponer a la población haitiana y hasta han pretendido anular nuestra idiosincrasia de ser dominicanos, ignorando el lema Dios, Patria y Libertad, sobre la estrategia de unir la isla en base al mercantilismo y el neofeudalismo que pretende gobernar en un nuevo mundialismo.
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, tiene absoluta razón cuando atribuye que la violencia política y este nuevo intento de asesinato contra el presidente Trump están alimentados por una propaganda descomunal de odio y violencia política, originada en los grupos demócratas, que no se han dado por vencidos y no han aceptado el triunfo del presidente Donald Trump, con sus políticas públicas de creer en Dios sobre todas las cosas, significar el valor de las familias cristianas como núcleo central del desarrollo del pueblo norteamericano y defenderse del crimen organizado en todos sus estamentos, como ha sido el cerco realizado al narcotráfico en el Caribe y países sudamericanos, así como en las mafias europeas.

La importancia significativa de este último intento criminal en contra del presidente Donald Trump no solo alcanza al pueblo norteamericano, sino que pone en juego la paz en el mundo, de lo cual el presidente Donald Trump es el garante frente a todos sus adversarios.
Y más aún, que el presidente Donald Trump tiene la brújula en la mano para impedir una Tercera Guerra Mundial de carácter atómico.



