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¡Apagones por todas partes… y las excusas ya no alumbran!

La electricidad falla, el internet también. Mientras cambian los nombres de las averías y desaparecen las respuestas, los dominicanos pagan más por servicios cada vez más deficientes.

 

Buenos días…

El internet de Claro está igualito que el servicio eléctrico: vuelto un verdadero disparate.

Y lo peor no es que falle. Lo peor es que no hay quien logre comunicarse con el Departamento de Soporte de esa empresa telefónica.

La semana pasada, en horas de la noche, duramos alrededor de una hora y media con el teléfono abierto, esperando que algún representante atendiera la llamada. Fue inútil. Tuvimos que colgar.

El sábado volvió a producirse otro apagón del servicio de internet de Claro y, otra vez, fue imposible contactar a Soporte. Lo único que responde es una interminable cadena de anuncios grabados que, por cierto, bien haría en revisar esa institución llamada ProConsumidor.

Porque esos apagones del internet también se pagan. La factura llega completa, aunque el servicio no. Parecía un arbolito navideño. Intermitente.

Y lo más triste es la sensación de que no hay dónde reclamar. Al usuario solo le queda esperar a que Claro decida resolver la avería que, según informa la propia empresa, afecta a «algunos» clientes.

En nuestro caso, Relámpago Informativo ha sido uno de los afectados por esas supuestas «fallas» o, dicho con mayor precisión, por reiteradas interrupciones del servicio de internet.

Y, de paso, surge una pregunta: ¿quién preside actualmente el INDOTEL? Porque los usuarios esperan que el órgano regulador haga sentir su presencia cuando servicios esenciales presentan fallas recurrentes y afectan a quienes pagan puntualmente. Y esas fallas del internet de Claro se están produciéndose frecuentemente. ¿Qué pasa ahí? Esa empresa lamenta nuestros inconvenientes, pero no atiende nuestras llamadas.  Y así no se puede. 

¿Y es cierto que el presidente del INDOTEL sueña con llegar a la Presidencia de la República? Pues primero debe demostrar su capacidad donde hoy tiene la responsabilidad de actuar, defendiendo a los usuarios de las empresas telefónicas.

Y de paso, que resuelva de una vez el abuso del llamado «paquetico». Ese servicio no debería cobrarse por día, sino por el consumo real del usuario. Si no se usa, no se paga. Así de simple. Para eso existe un órgano regulador, para proteger a los consumidores, no para contemplar los abusos desde la grada.

Los apagones —o como ahora prefieren llamarlos, «situaciones de sobrecarga»— siguen azotando al país. La realidad es una sola: el servicio eléctrico continúa siendo deficiente. Y, para colmo, ahora los dominicanos pagan más por recibir menos electricidad.

Para nosotros, los apagones son el reflejo de un sistema eléctrico al que no se le hicieron las inversiones que debieron realizarse desde el 2020 hasta la fecha.

El gobierno de Luis Abinader y del PRM recibió circuitos de 24 horas. Sin embargo, pocos meses después desaparecieron como por arte de magia. Algo cambió… y no precisamente para bien.

En junio de 2024, el presidente Abinader explicó que los apagones obedecían, entre otras razones, al aumento de la demanda provocado por la intensa ola de calor. Pero el calor pasó… y los apagones se quedaron.

En septiembre de ese mismo año, Celso Marranzini ofreció otra explicación: los frecuentes apagones, según dijo, eran consecuencia, entre otras razones, las conexiones ilegales a las redes eléctricas.

Incluso, habló de unas 800 mil conexiones ilegales, como si ahí estuviera la raíz del problema.

Este año volvió a cambiar el libreto. Ya no se habla de apagones. Ahora el término de moda es «sobrecarga del sistema eléctrico».

Hace años la culpa era de los pajaritos y de las chichiguas. Hoy cambian las excusas, cambian los nombres y cambian los discursos… pero los apagones siguen castigando a la población.

La pregunta es inevitable: ¿cuál será la próxima historieta? ¿Cuál será la próxima explicación para justificar un servicio que cada día cuesta más y responde menos?

Porque hay algo que las autoridades deberían entender de una vez por todas: los dominicanos ya no se tragan los cuentos. Y cuando a la gente le cambian la realidad por un discurso, lo que siembran no es confianza… es indignación.

Y al cierre…

PicanteExpresamos nuestro firme respaldo a la labor de la embajadora de Estados Unidos en la República Dominicana, Leah Francis Campos, por su compromiso en el combate al crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción, así como por su defensa de las libertades públicas. Como bien afirmó, la libertad de expresión es el oxígeno de la democracia, no libertinaje. Cuando se intenta intimidar o acallar la crítica, lo que realmente se pone en riesgo no es una opinión, sino la propia democracia.

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