¡Cuidado…! En la confianza está el peligro!

Por Tomás Aquino G.
Hay refranes que nacen de la sabiduría popular y sobreviven al paso del tiempo porque la realidad se empeña en darles la razón.
“En la confianza está el peligro”. Es uno de ellos.
Quienes hemos conocido numerosos casos, sabemos que, con frecuencia, la persona que termina causando el mayor daño no siempre es un desconocido, un extraño que aparece desde la calle.
En investigaciones sobre abusos contra niños, niñas y adolescentes, por ejemplo, las autoridades suelen encontrar entre los señalados a personas cercanas al entorno de la víctima: familiares, conocidos o individuos que habían ganado previamente su confianza.
La confianza, cuando cae en manos equivocadas, puede convertirse en la llave que abre la puerta del peligro.
Algo parecido ocurre en numerosas investigaciones criminales.
Grandes redes del narcotráfico y organizaciones delictivas han terminado siendo descubiertas por información proporcionada por personas del propio círculo, antiguos socios, colaboradores o allegados que conocían sus movimientos.
En buen dominicano: muchas veces, el que conoce la casa es quien sabe por dónde entrar y también por dónde se puede escapar.
Y la política tampoco ha escapado a esa vieja sentencia.
La historia está llena de alianzas, traiciones y rupturas entre personas que alguna vez compartieron poder, secretos y confianza.
El poder puede levantar murallas, pero también puede crear demasiados confidentes.
Eso mismo se comenta alrededor de casos políticos de enorme repercusión internacional, incluido el caso de Nicolás Maduro, cuya situación judicial en Estados Unidos ha sido objeto de amplia atención internacional.
En esos escenarios vuelve a aparecer la misma pregunta: ¿quién conocía los movimientos, quién tenía acceso a la información y quién terminó hablando?
Por eso, cuando aparece un caso como el de Julián Oro Duro, el refrán adquiere una fuerza especial: «En la confianza está el peligro».
Y si justicia, finalmente, confirma lo que la investigación policial establece, que personas cercanas al artista habrían utilizado precisamente esa confianza para facilitar el ataque, estaríamos ante la versión más amarga del refrán: la puerta no siempre la abre un extraño… a veces la abre alguien a quien se le entregó la llave.
Entonces, el caso de Julián Oro Duro se convierte en un ejemplo vivo de esa realidad.



