La humanidad y el mañana venturoso, con la mira en Washington

La bienvenida que Washington y el presidente Donald Trump han ofrecido al líder chino, Xi Jinping, en medio del desarrollo de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, nos permite valorar el respeto existente entre las grandes naciones y, al mismo tiempo, observar hacia dónde se mueve la diplomacia internacional.
Xi Jinping llegó a Washington para una visita oficial de tres días y fue recibido personalmente por Trump en la Base Conjunta Andrews. Posteriormente, el mandatario chino fue objeto de una ceremonia oficial en la Casa Blanca. Mientras tanto, la representación de China en la Asamblea General de la ONU está encabezada por el vicepresidente Han Zheng.
Esta situación también posibilita interpretar, desde determinadas perspectivas, un relativo distanciamiento de Trump respecto de algunos de sus aliados tradicionales de la Unión Europea, incluyendo episodios que han sido considerados por sectores diplomáticos como desplantes hacia figuras europeas.
Durante los discursos en el organismo internacional, debemos destacar la retirada de los delegados de Estados Unidos durante la intervención del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, así como la salida de varias delegaciones cuando este comenzó su discurso. Entre ellas estuvo la representación iraní.
Asimismo, la intervención del presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, expuso ante la Asamblea General la posición de Teherán en medio de la guerra y de las tensiones con Estados Unidos e Israel.
Algunos expertos consideran que únicamente aquellos países que gobiernan de rodillas ante el llamado “Tío Sam” —y que, según esa interpretación, son humillados por la administración Trump— mantenían una tibia cercanía con Washington.
Sostienen esos analistas que, al observar el tipo de recibimiento ofrecido por Donald Trump al líder chino Xi Jinping, algunas figuras de otras naciones pudieron haber pensado: “No somos nada”.
La imagen diplomática resulta llamativa: mientras casi 130 jefes de Estado y de Gobierno se congregan en Nueva York para la Asamblea General, el líder de China decidió concentrar su visita en Washington y reunirse directamente con el presidente de Estados Unidos.
Además, conocedores de la diplomacia de alto nivel consideran que la atención internacional concedida al encuentro entre Trump y Xi Jinping desplazó parte del protagonismo tradicional de la Asamblea General de la ONU.
La fotografía política y diplomática de estos días deja, por tanto, una interrogante sobre el futuro del orden internacional: ¿seguirá la humanidad buscando respuestas colectivas en organismos multilaterales o serán las grandes potencias, mediante acuerdos y confrontaciones directas, las que terminen marcando el rumbo del planeta?
Ese es el gran desafío: que las potencias comprendan que detrás de cada negociación, cada amenaza y cada movimiento diplomático existen pueblos enteros que aspiran, sencillamente, a vivir en paz y construir un mañana venturoso.



