OPINION

¡La extrema derecha pierde las garras! Trump y Milei, entre derrotas y desaciertos

La extrema derecha parece ir en picada. En Estados Unidos e Israel, los procesos electorales han puesto en aprietos a sus principales figuras, mientras sus proyectos políticos enfrentan un creciente desgaste.

En Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva derrotó políticamente a Jair Bolsonaro, quien terminó enfrentando las consecuencias judiciales de sus actuaciones y salió huyendo  del escenario político brasileño.

Ahora le toca el turno al ultraderechista Javier Milei, quien, en lugar de aprovechar los escenarios internacionales para proyectar una imagen de estadista, se ha dedicado a lanzar ataques contra otros mandatarios.

Acaba de acusar de corrupto al presidente español, Pedro Sánchez, en el mismo escenario donde anteriormente se burlaron del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez.

A nuestro juicio, quienes observamos estos acontecimientos sin ataduras partidarias podemos advertir que Donald Trump, con su estilo confrontativo y su estrecha alineación con Benjamin Netanyahu, contribuyó al desgaste de los republicanos y a sus dificultades electorales. Una situación que también merece atención en Israel.

Mientras tanto, en Argentina, Javier Milei parece empeñado en abrirle nuevamente las puertas del poder al peronismo. Su gestión acumula cuestionamientos y, en medio de las dificultades económicas y sociales, sus desaciertos podrían terminar convirtiéndose en una oportunidad para el regreso de sus adversarios políticos.

Es evidente que a determinados representantes de la extrema derecha parece importarles poco el lenguaje diplomático. Todavía resulta difícil entender qué pretendía Milei al utilizar expresiones despectivas contra Pedro Sánchez y calificarlo de «zurdo», echando más leña al fuego en las ya tensas relaciones políticas entre Argentina y España, dos países vinculados histórica y culturalmente.

Milei tenía una oportunidad mucho más interesante: aprovechar ese escenario internacional para reivindicar la histórica reclamación argentina sobre las islas Malvinas, bajo dominio británico desde 1833.

Pero prefirió las provocaciones personales a una causa nacional que trasciende gobiernos, partidos e ideologías.

¡Vaya manera de desperdiciar un escenario internacional!

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