OPINION

Iglesia Católica hizo valiente denuncia sobre abandono y corrupción en Elías Piña

 

Solidaridad plena con la Iglesia Católica por su denuncia responsable, seria y patriótica sobre el abandono de Elías Piña, la corrupción y los males que golpean a sus comunidades fronterizas.

 

Reclamo y exijo escuchar el grito de la frontera

Elías Piña vive entre el abandono, la pobreza y el desorden fronterizo, mientras sus comunidades reclaman caminos, agua, salud, mercados, empleos y oportunidades; por eso, cuando la Iglesia levanta su voz desde el altar, hay que escuchar el grito de un pueblo que ya no aguanta más.

Quiero expresar mi solidaridad plena con la Iglesia Católica por su denuncia responsable, seria y patriótica sobre el abandono de Elías Piña y la corrupción masiva que nos arropa.

Elías Piña es la cara del abandono. Un pueblo trabajador, productor de alimentos, que vive en pobreza extrema mientras ve cómo su sudor se pierde por falta de caminos, de agua, de mercados y de apoyo del Estado.

El Estado le ha dado la espalda a sus comunidades. No hay servicio de salud digno, no hay agua potable constante, no hay caminos vecinales transitables, no hay escuelas equipadas. El Gobierno solo recuerda que Elías Piña existe cuando necesita votos.

En la frontera, el desorden es total. El contrabando de todo tipo y el tráfico humano se han convertido en un negocio millonario ante la vista de todos, con la complicidad y el peaje de autoridades que deberían proteger la soberanía y no lucrarse de ella.

A esto se suma una corrupción que es doble. La corrupción pública que desvía el presupuesto que debe llegar al campo y a la gente. Y la corrupción privada que se alimenta de ese desorden, que sobrevalúa, que trafica influencia y que se hace rica con la miseria del pueblo. Pirañas con saco y corbata y pirañas con uniforme.

Donde el Estado no llega, llegan los vicios. Nuestra juventud, sin canchas, sin centros culturales, sin empleos ni oportunidades, está siendo empujada a los vicios, a la desesperanza, al alcohol y a tener que irse del país. Eso es criminal.

Monseñor Tomás Alejo Concepción, obispo de la Diócesis de Azua, San Juan y Elías Piña.

Por eso, cuando la Iglesia habla, hay que escucharla. El sacerdote vive con el pueblo, escucha el llanto de la madre, ve al agricultor perder su cosecha y al enfermo sin medicina. Si la Iglesia tuvo que denunciar desde el altar, es porque el grito del pueblo ya no cabe en las casas.

Elías Piña no pide limosnas, pide justicia, pide inversión, pide respeto. Pide una carretera internacional de verdad, apoyo real al productor, un hospital equipado y una frontera segura sin extorsión.

Elías Piña es patria, es dignidad, es República Dominicana.

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