Paraguay: corrupción sin límites y una vergüenza institucional

El caso Ueno Bank retrata la peligrosa alianza entre políticos, empresarios y funcionarios, y reabre el debate sobre la corrupción que golpea a América Latina.
Paraguay explotó. El presidente Santiago Peña renunció tras la quiebra de Ueno Bank, un banco digital con 3 millones de clientes que manejaba US$869 millones de dinero público. No es un accidente financiero. Es la misma cadena de robos de 543 años que comenzó con Colón.
Ueno Bank se prestó a sí mismo el dinero de los ahorradores. Su solvencia cayó por debajo del 50 % del mínimo legal. El Banco Central que debía controlarlo era dirigido por Carlos Carvallo, exdirector de Ueno. El presidente que debía defender al pueblo había sido accionista del banco hasta 2025.

Esta es la epidemia que azota nuestras tierras. Políticos, congresistas, jueces, fiscales, militares y empresarios «mafiosos» azotan al pueblo. No es un ladrón solo. Es una asociación para delinquir con corbata y títulos de Harvard.
El político mete el dinero público en el banco de su amigo. El congresista le cubre la espalda. El juez y el fiscal miran para otro lado. El militar custodia la puerta del banco para que el pueblo no entre. El empresario se declara en quiebra y se queda con el dinero.
¿De dónde viene esta peste? España no mandó a sus sabios a civilizarnos. Vació sus cárceles de Sevilla y Toledo. Mandó criminales, ladrones, violadores y viciosos condenados a muerte y les dio la Encomienda. Nos enseñaron que el Estado es un botín para robar.
Nosotros, los alumnos, superamos al maestro con maestrías y postgrados. Si ellos robaban oro con carabelas, nosotros robamos US$869 millones con un clic en un banco digital.
Por eso se multiplicarán los Bukele. Porque será urgente limpiar tantas pestes heredadas desde Europa. Bukele entendió que contra una epidemia de 500 años no hay aspirinas. Hay que romper la mesa donde cenan juntos políticos, jueces, fiscales y empresarios mafiosos.
Paraguay hoy es una vergüenza, pero es el espejo de América Latina. Hoy explota allá. Mañana explotará otro Ueno Bank en otro país. La pregunta no es si Peña es culpable. La pregunta es: ¿para bien o para mal nos vinieron a civilizar? Y nosotros, ¿qué hicimos con eso?


