¡En la confianza estaba el peligro! El caso Julián Oro Duro destapa una trama que estremece al país

Gracias a Dios, la persecución no terminó en otro intercambio de tiros. Los cuatro señalados están bajo custodia y ahora el desafío es que la investigación llegue hasta el fondo, sin ejecuciones, sin “bocas cerradas” y sin cabos sueltos.
Por Tomás Aquno G,
SANTO DOMINGO, R.D.
Hay refranes que sobreviven generaciones porque la vida se encarga de demostrar que no son simples palabras. «En la confianza está el peligro» es uno de ellos.
Y el caso que ha estremecido a República Dominicana vuelve a ponerlo sobre la mesa.
La Policía Nacional informó que cuatro personas están bajo custodia por su presunta vinculación con el ataque ocurrido en la residencia del merenguero Gilberto Julián Sarante Perdomo, conocido como Julián Oro Duro, en el que murió su esposa, Zeneida Socorro Castillo, y el artista resultó gravemente herido.
Dos de los principales señalados, según la investigación policial, mantenían vínculos laborales y de confianza con la familia.
Y aquí hay algo que debemos agradecer a Dios: los perseguidores policiales no actuaron a la ligera y, hasta ahora, el caso no terminó en otro intercambio de disparos ni en más sangre.
La sociedad dominicana lo estaba pidiendo a gritos: ¡que no corriera más sangre; que los investigaran, los apresaran y que se descubriera la verdad!
Cuando se quiere, se puede
Cuando se quiere, se puede. Y este caso lo demuestra.
Aquí no se trataba, según la investigación presentada hasta ahora, de delincuentes desconocidos que aparecieron de la nada en una residencia.
La Policía sostiene que varios de los señalados tenían vínculos previos con Julián Oro Duro y su entorno familiar y laboral, lo que presuntamente facilitó el acceso a la vivienda.
Entre los detenidos figura Phillips Michael Tejeda Vásquez, conocido como «Leandro», señalado por las autoridades como una persona de confianza del artista y como presunto organizador del ataque.
Las autoridades también identificaron a Juan Carlos Hernández García, alias «Peña»; Kevin Dariel Germán Troncoso, alias «Yandel», quien previamente se había entregado, y Lawrence Mark Liranzo Marcos, alias «Chiquito», de 18 años, apresado posteriormente.

La Policía ha señalado distintas funciones y vínculos de los investigados, pero la responsabilidad penal individual deberá ser determinada por la investigación y los tribunales.
Y eso es precisamente lo que esperaba la sociedad: capturas, evidencias, interrogatorios, investigación y justicia. No cadáveres que terminen convirtiéndose en la cómoda tapa de un expediente.
El desafío ahora es descubrir toda la verdad
La Policía informó que los investigadores encontraron evidencias que vincularían a los detenidos con el hecho y que cuatro de ellos fueron captados reunidos en la entrada de La Victoria antes de que algunos se trasladaran hacia la residencia de la pareja en Brisa Oriental VI, Santo Domingo Este.
También fueron recuperados objetos relacionados con Julián Oro Duro.
Según la versión preliminar ofrecida por las autoridades, la relación de confianza habría permitido que los señalados ingresaran a la vivienda sin violentar las puertas. Incluso se informó que Zeneida habría preparado alimentos, jugos y café para personas que, según la investigación, posteriormente la atacarían.
Es un dato estremecedor, pero sigue formando parte de una investigación que debe ser sometida a las garantías del debido proceso.
Ahora viene lo más importante: que nadie cierre el caso antes de tiempo. Hay que establecer quién planificó, quién entró, quién agredió, quién mató, quién facilitó información, qué motivó el ataque, qué se pretendía sustraer y si hubo otras personas detrás de la operación.
La Policía y el Ministerio Público tienen el desafío de responder esas preguntas con pruebas, no con versiones incompletas.
Ni ejecuciones ni impunidad
Este caso también deja una lección para quienes creen que la única manera de enfrentar el crimen es sacar un arma y disparar. ¡No!
La sociedad no pidió más muertos. Pidió resultados. Y gracias a Dios, en este caso los perseguidores policiales no terminaron convirtiendo la búsqueda de los sospechosos en otro escenario de balas.
Porque cuando un sospechoso muere antes de hablar, se muere también una parte de la verdad.
Se puede perder información sobre cómplices, autores intelectuales, financiamiento, planificación, armas, dinero y otros elementos que solamente una investigación seria puede sacar a la luz.
Por eso, ni ejecuciones extrajudiciales ni impunidad. Los sospechosos deben ser apresados, interrogados dentro de la ley, presentados ante la justicia y juzgados con las pruebas correspondientes.
Un crimen que traspasó las fronteras dominicanas
El asesinato de Zeneida Socorro Castillo y la agresión contra Julián Oro Duro no han sido un simple suceso policial más. El hecho ha provocado conmoción en República Dominicana y atención entre personas que conocen al merenguero y la música dominicana fuera del país.
Julián Oro Duro forma parte de una familia vinculada al arte y al merengue dominicano, una música que ha cruzado fronteras y que tiene seguidores en numerosos países.
Por eso, lo ocurrido en su residencia ha tenido una repercusión que trasciende Santo Domingo Este.
Pero precisamente, por esa dimensión pública, la investigación tiene que ser transparente de principio a fin.
La sociedad dominicana necesita saber qué ocurrió realmente aquella madrugada, quiénes participaron y por qué una mujer terminó asesinada y un artista luchando por recuperarse.
Que nadie cierre la boca de la verdad
El refrán vuelve a aparecer como un latigazo: «En la confianza está el peligro».
La confianza habría abierto la puerta… ahora corresponde a la investigación abrir todas las demás, la puerta de la verdad, la de los cómplices, la de los móviles y la de las responsabilidades individuales.
Cuatro señalados están bajo custodia, según la actualización más reciente de la Policía. Pero tener detenidos no significa tener el caso completamente esclarecido., pues ahora comienza la parte más delicada, demostrar ante la justicia qué hizo cada uno.
Y esperamos que así sea.
Que no haya más sangre. Que no haya “bocas cerradas”. Que no haya protegidos. Que no haya chivos expiatorios.
Que hablen las evidencias, que funcione la investigación y que la justicia determine responsabilidades.
Y recordemos, en un país donde la ciudadanía está cansada de crímenes sin respuestas, descubrir la verdad completa también es una forma de hacer justicia. Y en República Dominicana, que se haga justicia es un privilegio.



