PICANTE

Abinader, que no se escondan los muertos detrás de un uniforme

Amenazas al presidente, un haitiano muerto con una fotografía policial bajo sospecha, otro cadáver aparecido en una cañada, denuncias que exigen respuestas, buggies que ponen en peligro a los agricultores de Bayaguana y una ONU que sigue hablando, mientras las pandillas haitianas imponen su ley. ¡El horno no está para galletitas!

 

Buenos días…

En República Dominicana no hay condiciones para amenazar al presidente de la República. Solo alguien que no mide las consecuencias de sus actos puede lanzarse con semejante disparate.

A pesar de la inseguridad que golpea al país, el presidente Luis Abinader puede darse el lujo de visitar, sin escolta, sectores populares como Capotillo, sin que nadie se le acerque para agredirlo. Aquí no hay una lucha ideológica ni condiciones que justifiquen atentar contra un mandatario elegido democráticamente.

Y que quede claro: hasta los adversarios políticos de Abinader tienen la responsabilidad de defender el orden constitucional. ¡Y punto!

Las versiones que circulan sobre la muerte del ciudadano haitiano Edwin Justen, ocurrida el pasado martes en la zona de El Almirante, son preocupantes y merecen una investigación seria, honesta y transparente.

Presidente Abinader, esa muerte, al igual que la de Jonathan Arturo Castillo, en Moca, esta misma semana, exige investigaciones y respuestas. Y debe haber consecuencias si se comprueba que hubo abuso o actuación criminal. No se puede estar matando personas por matar.

En Moca, Jonathan fue apresado y su cadáver apareció en una cañada. ¡Que alguien explique cómo un hombre termina detenido y luego aparece muerto en esas circunstancias!

En Santo Domingo Este, a Edwin Justen lo mataron. Pero hay algo que levanta sospechas. La Policía puso a circular una fotografía del joven en un afiche de «Se Busca», donde aparece con una pistola y el dedo índice de la mano derecha en el gatillo.

¿Y cuál es el problema? Que, según las imágenes del cadáver, Edwin no tenía ese dedo. Lo había perdido en un incidente ocurrido muchos años atrás.

¡Caramba! ¿Cómo aparece un hombre disparando con un dedo que no tiene? ¿Quién preparó esa fotografía? ¿Quién la suministró? ¿Y quién pretende que nos traguemos ese cuento?

Eso nos recuerda una canción de protesta de los años setenta, del grupo Los Guaraguao, cuya estrofa decía:

«Tenía un arma en las manos
Le disparó a la patrulla
Eso dijo el coronel.
Pero resulta que el joven muerto
Era manco de las dos manos
Disparó tal vez con los pies»

¡Ahí está el detalle! Cuando la versión oficial no cuadra con las evidencias, alguien tiene que dar explicaciones.

Y ojo con esto. La Procuraduría General de la República debe investigar una versión que circula sobre la muerte de Edwin Justen en El Almirante, de que habría sido por encargo.

Según esa versión, la orden y el supuesto pago habrían salido de un presunto líder del microtráfico en la zona de El Almirante-Caña.

¡Cuidado! No estamos presentando ese señalamiento como un hecho comprobado. Es una versión que debe investigarse, identificando a quienes la originaron y comprobando si tiene fundamento. Porque, cuando el río suena, piedras trae.

Y seguimos con el lío de los buggies en Bayaguana y la preocupación de los habitantes de esa zona, especialmente de los agricultores.

Su preocupación no se limita al deterioro de los caminos. También está en juego la seguridad de quienes transitan diariamente por esas vías, particularmente los viernes, sábados y domingos.

Presidente, mueva su tuerca. No espere que ocurra una tragedia para que aparezcan los funcionarios con sus explicaciones. ¡Ssssin seguridad no hay vida!

Las autoridades haitianas continúan jugando a las reuniones, los comunicados y las promesas, mientras las pandillas criminales no dan tregua.

Mucho discurso, mucha fotografía oficial y mucha reunión, pero los criminales siguen imponiendo su ley.

Solo Bukele está sembrando inquietud entre los pandilleros. ¿Y la ONU? Entre reuniones, discursos y comunicados, no hace nada, nada y nada. ¡Mucho ruido y cero resultados!

¡El horno no está para galletitas! ¡Al que le pique, que se rasque!

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