¡Policía fuera de control y un Gobierno que no escucha!
Ejecuciones, inseguridad, cacerolazos y protestas: el descontento crece mientras el Código Penal tambalea y la Policía Nacional recibe fuego desde dentro y desde fuera.

Advertimos una y mil veces que la Policía Nacional era una institución demasiado delicada para improvisar. Necesitaba ser dirigida por un verdadero profesional, un hombre con experiencia, conocedor de la institución y con capacidad gerencial.
Pero el presidente Luis Abinader no escuchó. Ni escucha. Aunque visite casi todos los lunes el Palacio de la Policía y se reúna con la plana mayor, pareciera caminar entre informes sin oír las alarmas. Y ahí están los resultados.
Le advertimos que, si no enfrentaba lo que estaba ocurriendo dentro de la Policía Nacional, terminaría siendo cómplice político de ese deterioro.
Hoy el país vive un escándalo tras otro. Se habla de alrededor de 140 muertes en operativos policiales en lo que va de año, una cifra que ha encendido las alarmas. Mientras tanto, salir a la calle de día o de noche sigue siendo un riesgo: asaltos por todas partes, violencia en los barrios y una sensación de inseguridad que no desaparece.
Los cacerolazos le bajaron los humos al PRM, a varios legisladores, al Gobierno y al propio presidente. Hasta en Evaristo Morales se escucharon con fuerza.
Y muchos creen que la convocatoria de protesta en la Plaza de la Bandera obligó a esconder el Código Penal y hasta a anunciar un maquillaje de última hora.
Lo correcto sería sacar los artículos que entraron de contrabando legislativo. Y los diputados y senadores de oposición que votaron por ese texto también cargan con responsabilidad política por un proyecto que muchos consideran excesivo y peligroso para las libertades.
En China hay que hilar fino, pero allá no fusilan periodistas por informar; a quienes castigan con dureza es a corruptos y narcotraficantes.
Aquí, en cambio, abundan las presiones contra periodistas y comunicadores, mientras ciertos personajes señalados por vínculos con el narcotráfico o la narcopolítica continúan exhibiendo poder e influencia. Y la sociedad sabe quiénes son.
Por cierto, después de la captura y traslado de Nicolás Maduro a Estados Unidos, muchos perciben que la presión de Washington en el Caribe bajó de intensidad. Presidente Donald Trump, esa vigilancia no debería detenerse.
Y atención a lo que dice un oficial general de la propia Policía: asegura que el director y el vocero de la institución han convertido la Policía en una pasarela de abrazos, besos, frituras y sancocho. Que confundieron la Policía Comunitaria con populismo y chercha. Y ahora, según esa versión, están cosechando lo que sembraron.
También se pide que el general Eddy Pérez se aparte de las investigaciones sobre la muerte del joven de Herrera, debido a comentarios que señalan la posible participación de un familiar suyo en el operativo. Si realmente se investiga, ese caso merece máxima transparencia.
Después de la advertencia presidencial de que los delincuentes serían enfrentados “en su propio terreno”, el debate público se ha concentrado en la cantidad de personas abatidas en operativos policiales y en la responsabilidad del Estado sobre esos resultados.

La Procuraduría General de la República debe cumplir su misión e investigar cada una de esas muertes. Porque da la impresión de que en el país hay más energía para perseguir supuestas difamaciones que para esclarecer los casos de ciudadanos fallecidos en actuaciones policiales.
Y al cierre: hoy a las 3:00 de la tarde habrá protesta popular contra la llamada “ley mordaza”, la violencia, las ejecuciones policiales y la inseguridad.



