PICANTE

Ciclón batatero’ sacude a RD y genera críticas a Abinader, incluso dentro del PRM

Mientras tanto, el país hierve, los precios están por las nubes, la justicia bajo sospecha por el caso Jet Set, represión en las calles y un gobierno que recibe fuego amigo desde sus propias filas.

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!El malestar ya no se esconde ni en casa propia. Dirigentes del oficialista Partido Revolucionario Moderno (PRM) empiezan a disparar sin filtro contra la gestión del presidente Luis Abinader, al que algunos califican -sin anestesia- como “un ciclón batatero que arrasa con todo” y que, aseguran, ha “hipotecado” el país.

El ambiente es denso, tétrico. La sensación en la calle es de hartazgo. Y los problemas se acumulan como dinamita sin desactivar.

Jet Set: agresión, indignación y una justicia en la cuerda floja. El escándalo por la tragedia del caso Jet Set suma un nuevo capítulo bochornoso. En pleno Palacio de Justicia del Distrito Nacional, un familiar de una de las 236 víctimas fue agredido físicamente por el comunicador Jhossan Capell. ¡Ave María Purísima!

La escena, calificada como salvaje, desató indignación nacional. Voces como la de Plinio De Oleo han sido tajantes: el hecho retrata una justicia débil, cuestionada y peligrosamente permisiva.

El golpe no fue solo físico. Fue institucional. La seguridad falló, el Ministerio Público quedó mal parado y la gran pregunta sigue en el aire: ¿quién protege a las víctimas?

Y peor aún: ¿a quién benefició el error en el peritaje de pruebas del caso?

Del brillo a la vergüenza internacional en cuestión de horas, así terminó la historia del Jet Set, no por mala suerte sino por negligencia, por ignorar el mantenimiento que sus propios ingenieros advirtieron como urgente.

El resultado fue devastador y difícil de digerir: 236 muertos, cerca de 200 heridos y un país -junto a la mirada internacional- sumido en el luto.

Y como si la tragedia no bastara, denuncias de robos a las víctimas esa misma noche terminaron de sellar un episodio que no solo duele, sino que indigna profundamente.

En Santo Domingo Este, la gestión del alcalde Dio Astacio es señalada como ausente frente al caos urbano. Comunitarios denuncian un municipio “huérfano de autoridad”, donde el desorden se impone sin freno. Qué vergüenza. ¿Quién lo diría?

Mientras tanto, en el Gran Santo Domingo, los motociclistas hacen lo que quieren, violan normas, intimidan conductores y, según denuncias, algunos incluso portan armas blancas. La autoridad, otra vez, brilla por su ausencia.

Lo ocurrido en San Francisco de Macorís durante la huelga encendió todas las alarmas. Videos muestran militares disparando fusiles, drones vigilando y operativos que muchos comparan con los peores tiempos del pasado, evocando incluso episodios como la Guerra de Abril de 1965.

Denuncias de jóvenes detenidos y golpeados agravan el cuadro. En un país que se define democrático, la represión a la protesta vuelve a encender el debate.

El descontento no es solo ciudadano. Dentro del PRM hay ruido, y fuerte. Dirigentes preparan salida… algunos miran hacia la Fuerza del Pueblo, otros regresan al viejo Partido Revolucionario Dominicano (PRD). El oficialismo empieza a resquebrajarse desde adentro.

Y continúa el golpeo al bolsillo… la crisis que no da tregua.

Mientras la política arde, la gente paga la factura:

  • Alquileres en alza
  • Medicamentos inalcanzables
  • Canasta básica disparada
  • Apagones constantes
  • Escasez de agua
  • Combustibles “en las nubes”

La presión económica aprieta, y no hay alivio a la vista.

El freno en las deportaciones también genera ruido. Sectores denuncian operativos selectivos y una política migratoria inconsistente.

En San Juan de la Maguana, el mensaje es claro: la gente no quiere oro si eso implica ríos contaminados y tierras destruidas. La defensa ambiental se planta frente a cualquier intento extractivo.

El país está en punto de ebullición. Y por tanto, la pregunta que queda flotando no es menor: ¿hacia dónde va la República Dominicana?

Entre crisis económica, desconfianza institucional, represión y divisiones políticas, el país camina por una cuerda floja… y cada vez más tensa.

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