Trump en la mira otra vez y víctima de Jet Set noqueado
Balas, cuchillos y preguntas sin respuesta en el corazón del poder… mientras en RD la justicia se hace la ciega

Buenos días…
Al presidente Donald Trump le han vuelto a atentar contra su vida.
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Por tercera vez. Y no en cualquier sitio: el Hotel Washington Hills, el mismo escenario donde en 1981 tirotearon al presidente Ronald Reagan.
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La historia no solo se repite… se pone más peligrosa.
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La versión oficial habla de un “lobo solitario”. Pero ese lobo -un ingeniero de California- no llegó por arte de magia. Tenía información del evento, acceso previo al hotel y, según reportes, armas y cuchillos.
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Entonces, las preguntas son simples y cortantes: ¿Quién le abrió la puerta? ¿Cómo sabía del evento? ¿Quién lo equipó?
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Porque aquí no estamos hablando de un improvisado. Estamos hablando de alguien que burló filtros en uno de los eventos más vigilados de Washington D. C.
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¿Y la inteligencia? ¿Y los organismos de seguridad? ¿Qué explicación les dan al presidente Trump y a su equipo?
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La comparación es inevitable: En 1981 (30 de marzo), Ronald Reagan fue herido al salir hacia su vehículo blindado. Fue un ataque directo, en movimiento.
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Hoy, Donald Trump estaba sentado, rodeado de más de 2,000 personas, altos funcionarios, prensa, poder concentrado en un solo salón. Y aun así, la amenaza entró, y, gracias al destino manifiesto y a la protección de Dios, le salvaron la vida por tercera vez.
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Para sus seguidores, esto no es casualidad: es señal. Dicen que Trump está destinado a algo grande. Que hay un propósito. Que sobrevivir tres veces no es coincidencia.
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Y mientras allá se preguntan quién falla en la seguridad del presidente más poderoso del mundo… Aquí, en República Dominicana, el desorden también grita.
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Un comunicador agrede físicamente a una víctima del caso Jet Set. Un pescozón, a la vista de todos. Flagrante delito. ¿Resultado? Nadie preso. Así de simple. Así de grave.
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¿Hasta dónde llega la protección a los intocables? ¿Quién sostiene a los alabarderos de los dueños del Jet Set?
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Para el comunicador Jhossan Capell, la sociedad dominicana tiene mucho que agradecer a los hermanos Espaillat…
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Pero la realidad es otra, cruda y sin maquillaje: Los hermanos Espaillat tienen que responder por 236 muertos, 176 heridos y más de 1,000 familiares en duelo de por vida. Eso no se paga nunca.
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Y este ya es el segundo incidente dentro de un Palacio de Justicia. En ambos hay víctimas, en ambos la seguridad falló, no actuó… y eso tiene un solo nombre: inseguridad.
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La verdad es que el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva perdió la solemnidad y se ha vuelto un disparate.
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¡Ay, Dr. Julio Ibarra Ríos, qué falta haces en la Fiscalía del Distrito Nacional… qué falta haces!
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Y más reciente, un fiscal, Dr. Hernández Peguero… ¡Santísimo! ¡Ave María purísima!
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La seguridad de las audiencias fue desbordada, nada más y nada menos que por un comunicador… ¡Ay, ñeñe!
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Como dicen en el barrio: el comunicador Jhossan Capell se pasó de contento y debe caer preso sin contemplaciones…
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¿Agradecimiento a los Espaillat del Jet Set? Cuando la autoridad no actúa, no es descuido… Eso tiene nombre, reiteramos: inseguridad.



