Campos vs. Los intocables… narcos, corruptos y políticos en pánico en RD
La embajadora que incomoda: aplausos del pueblo, ataques de “patriotas” y presión para apretar más la tuerca

Buenos días…
A la embajadora de Estados Unidos en República Dominicana, Francis Lead Campos, hay que respaldarla sin titubeos.
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Desde que aterrizó en el país, los criminales entraron en pánico. Y claro, hay sectores que la quieren fuera, porque les incomoda que alguien les respire en la nuca. Pero en la calle, y en los sectores honorables, la historia es otra, están conforme con su trabajo.
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Al presidente Donald Trump, que eleve el nivel de apoyo a esa diplomática. No es un secreto, se comenta por todas partes: tiene en zozobra a narcos, narcopolíticos y corruptos, que hoy no duermen tranquilos. Y aquí no andamos con medias tintas… al que le incomode, que se rasque.
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Porque hay que decirlo claro: algunos “patriotas” que atacan a la embajadora no lo hacen por soberanía, sino porque les pisan los callos. Critican que República Dominicana se alinee con la política de EE. UU., mientras por debajo funcionarios díscolos juegan a dos bandas, respondiendo a intereses raros o directamente turbios.
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Y se calienta el tablero: desde España se habla de “conspiración” contra la imagen económica dominicana, mientras en la cumbre de líderes de izquierda —con mandatarios de América Latina y España— se discute cómo frenar a la derecha. En Washington, eso huele feo. Para los trumpistas, fue una respuesta directa a la cumbre de Miami.
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Lo real: la llegada de Campos, una mujer con ojos de lince y manos de hierro, ha caído como bomba en sectores ligados al crimen organizado, especialmente al narcotráfico internacional.
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Y hay un dato que duele: desde que Trump activó su operativo en el Caribe, el tráfico ilegal ha recibido golpes duros. A República Dominicana entra de todo, sí, pero no el festival descarado de antes.
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Aquí no somos fanáticos. Se le critica a Trump, sí, pero no por ese operativo, sino por no extenderlo a todo el Caribe. Esto no puede ser selectivo. Tiene que ser constante, amplio y sin pausa.
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Y sí, Campos es una pesadilla… pero para los que vivían del desorden: corrupción, narco y políticos financiados con dinero sucio. Esos que se decía compraban elecciones, voluntades y hasta partidos.
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Pero, embajadora, sin paños tibios: usted aún está floja. Apriete más. Que la tuerca se rompa si hace falta, que los corruptos se escondan y no vuelvan a asomar la cabeza. Eso es lo que reclama la sociedad… cero tolerancia.
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Mientras tanto, en casa: hay funcionarios que deben dejar de hablar disparate y ponerse a trabajar. Sus instituciones están cuestionadas y su credibilidad en el suelo. Otros, mejor que aprovechen el tiempo limpiando su nombre… si pueden.
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Cambiamos de tema, pero no de podredumbre: Juan Hubieres, que es un líder honesto, que dice las cosas tal y como son, habló de mafias en los combustibles. Y eso obliga a recordar cuando el PRM denunciaba lo mismo. Pregunta directa al presidente Luis Abinader: ¿esa mafia desapareció o se acomodó?
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Y atención con esto: en plena “reforma policial”, muy anunciada pero poco visible, hay que investigar los rumores de policías que entraron a la institución con actas de nacimiento falsas y otros, incluyendo a oficiales, que ni bachilleres son. Eso no es chisme, eso es una bomba institucional.
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Y ahora, el caos cotidiano: los motoristas. Hace años que se adueñaron de las calles. Violando reglas, metiéndose por túneles y elevados, sin control. Ahora se agrupan, se imponen y empiezan a verse como una plaga peligrosa. Esto puede terminar mal, muy mal, en un país ya golpeado por la inseguridad.
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Cierre caliente: desde el residencial San Isidro Labrador, en Santo Domingo Este, llegan quejas que hierven. La CAASD corta el agua todos los días. La junta de vecinos no resuelve nada. Basura, ratas, desorden. Presencia masiva de ilegales haitianos. Accesos (por el desorden de los barrotes) que no funcionan cuando deben. Y pese a todo, nadie responde.
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Así está el país: presión afuera, caos adentro… y muchos todavía jugando a que no pasa nada.



