Video: ¡Se calienta la pista! PN usa drones para vigilar a dirigentes populares en SFM
Motoristas se creen “la OTAN”, retan al Estado sin consecuencias y la seguridad se desploma mientras crece el caos.

Buenos días…
La semana arranca caliente. Y todo indica que será de protestas.
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En el Cibao, el ambiente está tenso, cargado. Dirigentes populares de San Francisco de Macorís denuncian represión, hostigamiento y asedio directo a sus viviendas por parte de la Policía Nacional.
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¿Y ahora qué? Drones. Sí, drones. La Policía está utilizando estos equipos para vigilar las casas de dirigentes del movimiento popular. Uno de esos aparatos fue visto sobrevolando la vivienda del vocero del colectivo. Cuando se denunció públicamente… desapareció en cuestión de minutos. Como por arte de magia.
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Pero la pregunta es simple: ¿Por qué no usan esos drones para vigilar el microtráfico, que crece sin control en los barrios? Ahí sí parecen ciegos.
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En el Congreso, legisladores opositores ya hablan de interpelar a la ministra de Interior y Policía, Faride Raful. La que antes era combativa, hoy carga con un peso: es vista como una de las funcionarias más impopulares del gobierno. Se quemó.
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Y la realidad es dura: La inseguridad no cede. El gobierno no logra controlarla. Y el desgaste es evidente.
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¡Atención país! Los motoristas están sueltos… y peligrosos. Quieren apandillarse.
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Se agrupan, se organizan y hasta se autodenominan “la OTAN”. Sí, así mismo. Y advierten que quien se cruce en su camino, paga las consecuencias.
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Ya lo demostraron…
- En Santiago: violencia, sangre y un muerto. Y Se fueron como si nada.
- En la avenida Kennedy: “calibraje”, caos y desafío directo a la DIGESETT, al Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre y a la Policía. ¿Resultado? Ninguno.
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Cero consecuencias. Y eso, en cualquier país serio, es una señal peligrosa.
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Sí, entre los motoristas hay gente trabajadora. Padres de familia, jóvenes que estudian.
Pero el vandalismo no puede justificarse. Y mucho menos tolerarse.
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La percepción en la calle es clara: Esto es un desorden.
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El espectáculo del elevado de la Kennedy debió tener consecuencias. Destituciones. Sanciones. Algo. Pero no pasó nada. Y eso envía un mensaje peligroso: autoridades débiles.
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En Miches, un autoproclamado microtraficante denunció públicamente a una fiscal, la acusó de manejar puntos de droga… y ahí sigue en su cargo. Intocable. ¿Yeni Berenice, así se combate el crimen? No. Así se fortalece.
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Y la gente pregunta, con razón: ¿Por qué el presidente Luis Abinader mantiene en sus puestos a los responsables de seguridad tras el ridículo de la Kennedy?
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Mientras tanto, en política exterior, siguen las críticas de que el país juega a dos bandos. Primero con Donald Trump en Miami… luego en escenarios contrarios, en Barcelona.
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Y como la embajadora de EE. UU., Leah Francis Campos, lo dejó claro, de que no se puede estar con Dios y con el Diablo, al mismo tiempo, sigue sumando elogios.
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Pero, según fuentes diplomáticas, ese error se pagará. Y caro.
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Y cada día, hay más problemas en camino… Se habla de un endeudamiento creciente del Estado. En San Juan de la Maguana, comunidades se preparan para protestas por agua y defensa de sus recursos naturales.
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Y Haití… cada vez más cerca del abismo. Eso de entrarle a tiro a un avión de Bélgica, huele feo.
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Y al cierre, preguntas que nadie responde…
¿Por qué sacaron “en bola de humo” de la AMET al actual director de la DIGESETT en el pasado cuando era coronel?
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¿Por qué fue designado jefe policial otro cuestionado por auditorías?
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¿Y qué explica la salida del hoy mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz de Barahona?
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El silencio sigue. Y el país observa.
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Algo no anda bien. La calle lo sabe. La gente lo siente. Y cuando el orden se pierde… recuperarlo cuesta caro.



