¡Haití: de faro de libertad a rehén de la corrupción!

El cónsul que dijo no cuando el suegro de Baby Doc lo quiso hacer cómplice de un escandaloso robo (1983-84)
Análisis histórico de Haití, la primera llama de libertad en América.
Antes de ser el país más pobre del hemisferio, Haití fue el más valiente.
1791-1804: la única revolución de esclavos triunfante en la historia humana.
Mientras América Latina dormía bajo España y Portugal, y Estados Unidos apenas nacía con esclavitud, los negros de Saint-Domingue se levantaron.
Toussaint Louverture, Jean-Jacques Dessalines, Henri Christophe. Nombres que Europa quiso borrar. Esclavos que derrotaron al ejército de Napoleón, el más poderoso del mundo. 300 mil africanos contra 60 mil soldados franceses. Y ganaron.
1 de enero de 1804: nace Haití.
Primera nación negra libre del mundo. Primera República de América Latina. Segunda nación independiente del continente después de EE. UU.
¿El precio? Francia les cobró 150 millones de francos oro en 1825 por “perder su colonia”. Una deuda que Haití pagó hasta 1947. Ahí empezó la pobreza. Las potencias la aislaron, la bloquearon, la castigaron por atreverse a ser libre.
De 1804 a la fecha pasaron más de 220 años.
De la gloria de Dessalines a la miseria de Baby Doc. De libertadores a Tonton Macoutes.
Haití nos parió la dignidad a todos en América.
Y hoy, esa misma élite corrupta sigue crucificando a la primera nación libre de nuestra tierra. El robo y la corrupción no pararon en 1983: se han multiplicado.
EXPERIENCIA PERSONAL Y MIS VIVENCIAS CUANDO EJERCÍ COMO CÓNSUL EN HAITÍ, 1983-84
En 1983 yo era cónsul de la República Dominicana en Cap-Haïtien, Haití. La dictadura de Jean-Claude Duvalier empezaba a resentirse. Baby Doc, heredero del trono de su padre François Duvalier, ya tenía serios problemas.
Un día me visita en la oficina Ernest Bennett, empresario poderoso, suegro del dictador. Su hija Michèle Bennett era la esposa del mandatario y tenía mucha influencia. Llegó acompañado de un empresario haitiano vinculado a construcción y aduanas.
Para esa fecha, el Banco Mundial financiaba un moderno puerto en Cap-Haïtien para cubrir las necesidades de la pujante región norte de Haití.
Bennett me explica, con papeles en mano, que al puerto había llegado una donación importante: equipos de construcción, camiones volteo y maquinaria pesada. Y me dice: “Preparemos una carta de ruta con detalles y busquemos la fórmula de cómo hacer dominicanos esos bienes”.
Yo quedé sorprendido. Le pedí explicación. Tenía conmigo a mi secretario del consulado, el señor Ives Faustin, quien hablaba buen español y servía de intérprete.
Al final, Bennett me lo dijo claro: “Vamos a desviar esa embarcación a Monte Cristi. Busca un empresario o alguien a quien consignarle eso”.
Yo le respondí que eso era ilegal y corrupción. Rechacé todo. Hasta quería donármelo y que luego le diera algo de dinero. Rechacé todo.
Pocos días después, el consulado fue atacado por turbas de Tonton Macoutes, las poderosas bandas parapoliciales de la dictadura. Yo escapé y abandoné Haití.

Meses después, derrocan a Jean-Claude Duvalier. A mí se me designó ministro consejero en Venezuela. Nunca supe qué pasó con esa costosa donación. Creo que venía de Estados Unidos o de Francia, no recuerdo.
Esa es la historia de la corrupción. Hoy sigue esa cúpula reducida, esa élite de Haití, en asociación con grupos mafiosos de RD. Abarca todo ese tinglado de ilegalidades: lavado, drogas, robos, crímenes.
Y el corolario es el mismo de siempre: pobreza extrema y violencia, con inestabilidad político-institucional.
Que la comunidad internacional mire hacia Haití y no le deje esa pesada carga a RD.



