PRM sigue decreciendo peligrosamente

En las décadas de los años 60 70, 80 y 90 del siglo pasado los partidos de la región estuvieron dotado de ideología, que no es más que el conjunto de ideas, creencias y valores que establecen cómo debe funcionar la sociedad y cómo se debe organizar el Estado, definiendo políticas públicas y prioridades gubernamentales.

Uno de los grandes ideólogos del continente fue el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, creador del Aprismo, una doctrina antiimperialista, nacionalista y democrática, enfocada en la situación de América Latina.
También Venezuela tuvo en Rómulo Betancourt a un social demócrata progresista y nacionalista, creador de Acción Democrática, mientras en República Dominicana sobresalían figuras como el profesor Juan Bosch y el doctor Peña Gómez, que lucharon por la justicia social, los derechos humanos y el fortalecimiento de las instituciones, mientras Joaquín Balaguer abrazaba el conservadurismo, el nacionalismo y el pragmatismo.
Se recuerda que tanto Bosch como Peña se preocupaban por orientar a la población dominicana en torno a los males que padecía el país, siempre planteando soluciones, en base a experiencias de otros países y sus propias convicciones.Exceptuando al PRD, que es social demócrata,ningún partido político dominicano tiene ideología en la actualidad.
Y no hay un solo líder político que se dirija regularmente a la sociedad con la finalidad de edificarla políticamente. Todos, empezando por el presidente de la República, Luis Abinader, mandan a hacer encuestas. Y actúan dependiendo de los resultados de esos estudios. Es decir, el pensamiento cultural y político de la gente evoluciona con rumbo indefinido y los líderes se suben en su ola. Si la tendencia es el reality de Alofoke, Luis Abinader procede a llamar de inmediato para montarse en la ola, indistintamente de que se trate de un evento nocivo, en lo cultural, para la juventud dominicana.
Desde hace algún tiempo, a raíz de la desaparición física de los grandes líderes, se esfumaron las ideologías y en la política nacional impera “el clientelismo”. Clientelismo en la expresión más vulgar, que consiste en pagar con prebendas las adhesiones. Y aprovechan la baja escolaridad y nivel de conciencia para la compra decédula a los dominicanos más necesitados.
Se sabe que apoyar a un partido o a un candidato,en búsqueda de un empleo, en el hipotético caso de que gane el certamen comicial, es clientelismo, pero es el más aceptable de todos. Trabajar es un derecho constitucional inclusive. Los perremeístas en el año 2020, con Luis Abinader, buscaban un cambio, después de 16 año de oposición, y salieron a la calle a realizar campaña bajo pandemia con la esperanza adicional de alcanzar un empleo y vivir dignamente. Ese cambio nunca llegó, como tampoco nunca llegó el empleo. Luis Abinader, en buen dominicano, “echó un cubo” a los dirigentes del PRM, pero también a la población que abogaba por cambio.

Quienes conocen bien a Luis Abinader atribuyen su conducta al hecho de que nunca quiso saber de los perredeístas seguidores del doctor Peña Gómez, con quienes pulsea en la actualidad para que no ocupen puestos de dirección del PRM a todos los niveles. (Los dejó fuera del Gobierno y ahora pretende dejarlos fuera del partido). Abinader se ha inventado un supuesto consenso, una forma antidemocrática para asegurar en los cargos del PRM a sus adláteres, que no son más que perremeístas de nuevo cuño, empleados gubernamentales y tránsfugas políticos.
(Los perremeistas peñagomistas dicen, con razón, que defender a este gobierno es defender lo indefendible. Prefieren dejar el partido).
Los que apoyan a la presente administración, en su mayoría, son los mismos sujetos, carentes de ideología, que en el pasado defendían a los gobiernos del PLD en los medios y en las redes, con mayor énfasis en los grupos de Whatsapp.
Es que solo gente pegada de la teta del Estado, con sueldos o contratos, o simples mercenarios de la política apoyan a un gobierno elitista como el de Luis Abinader, cargando con la agravante de que el país ha caído en un retroceso por los altos niveles de corrupción pública (que superan todos los récords), la alocada carrera de empréstitos, que comprometen la soberanía nacional y sin construir siquiera una sola avenida, y el deterioro significativo de los servicios de salud, educación, agua potable y energía eléctrica. Y súmele la indetenible alza de los productos de la canasta familiar.
Son las estadísticas macroeconómicas que hablan por sí solas, son los hechos que dicen que este es un gobierno de élites donde se habla en dólares y donde los vínculos con sectores oscuros del bajo mundo ya son inocultables. Ningún dominicano decente apoya algo similar. Y es la razón de las renuncias que se están registrando, en todo el país, en el partido oficialista.
En lo que tengo uso de razón solo en la primera vuelta electoral de 1996 el partido de gobierno quedó en tercer lugar, aunque hay quienes señalan que fue algo intencional de Balaguer. En esa oportunidad hubo balotaje y el PRSC, con Jacinto Peynado,se quedó fuera de competencia. A raíz de entonces todos los procesos comiciales celebrados en nuestro país se han definido en una ronda, mientras en la mayoría de las naciones del mundo, donde se gana con mayoría absoluta, suele registrarse una segunda.
Hay que dar seguimiento a las encuestas que saldrían en el futuro. Hablo de encuestas reales, no de herramienta de propaganda como una que salió recientemente. El PRM está decreciendo tanto que se expone no solo a perder el poder político, sino a obtener una votación muy pobre, por debajo a la de partidos de oposición, al punto de quedar excluido de una eventual segunda ronda comicial en el certamen de 2028.



