La Feria del Mango: ¡Juzgue usted!

Por Augusto Álvarez
El primer error de quienes organizaron esta edición de la Feria del Mango fue cambiar su hábitat natural: el lugar tradicional donde durante años se ha celebrado con éxito, el Parque Central de Baní.
La feria se realizó, sí, pero no logró el impacto esperado. Incluso, para muchos, fue como un mango madurado con carburo: aparentaba estar lista, pero carecía del sabor y la esencia que la caracterizaban.
La escogencia del nuevo escenario dificultó el acceso de numerosos banilejos, especialmente de aquellos que residen en los sectores populares. Las proximidades de la Circunvalación y la zona de Los Almendros no son precisamente los puntos más accesibles para gran parte de la población.
Cabe preguntarse: ¿cuántos residentes de los barrios más humildes tuvieron facilidades reales para llegar hasta allí?
La feria se alejó tanto de su pueblo que muchos la consideran una de las menos concurridas de los últimos años. Y los hechos parecen darles la razón.
Tan evidente fue el problema que los organizadores se vieron obligados a implementar rutas de transporte gratuito desde el parque hasta el recinto ferial, en un intento por reducir los inconvenientes provocados por la ubicación escogida.
Surge entonces una interrogante válida: ¿no podía posponerse la rehabilitación del Parque Central hasta después de la feria? ¿O simplemente las autoridades ignoraron una fecha que desde hace años forma parte del calendario cultural y productivo de Baní?
Trasladar la Feria del Mango a una zona más exclusiva de la ciudad constituyó, sin duda, una grave falta de visión. En cierta medida, una actividad concebida para todo un pueblo terminó adquiriendo un carácter excluyente para los ciudadanos de a pie.
La Feria del Mango nació para acercar al productor, al comerciante y al pueblo. Cuando se distancia de la gente, pierde parte de su razón de ser. Juzgue usted.



