¡»Hambre cero» en RD! ¿Y quién le explica eso a las amas de casa?
Cuando las estadísticas sonríen, pero el bolsillo llora, la realidad termina desmintiendo los discursos.

Por Augusto Álvarez
Somos una nación privilegiada por la naturaleza. Estamos en el mismo trayecto del sol, con tierras fértiles y condiciones envidiables para producir alimentos. Pero surge una pregunta inevitable: ¿eso basta para que todos tengan la panza llena?
La solidaridad entre las naciones que respaldan al Águila imperial suele expresarse de muchas maneras. Algunas son visibles; otras llegan envueltas en informes, reconocimientos y elogios oficiales.
En momentos en que la canasta familiar ronda los 49 mil pesos, mientras el salario promedio en amplios sectores del Estado apenas bordea los 27 mil pesos —e incluso es inferior en algunos ayuntamientos y entre muchos pensionados—, afirmar que en la República Dominicana existe «hambre cero» puede ensanchar la sonrisa de los funcionarios, pero también fruncir el ceño de miles de amas de casa que cada día hacen malabares para llevar comida a la mesa.
Si ese diagnóstico proviene de la FAO, un organismo especializado de las Naciones Unidas, cada quien es libre de sacar sus propias conclusiones sobre el contexto político e internacional en que se producen este tipo de reconocimientos.
Para algunos, ese respaldo también refleja la buena sintonía entre Washington y el Gobierno dominicano en materia de políticas públicas, incluida la seguridad alimentaria.
La política internacional siempre ha funcionado sobre la base de intereses y alianzas. No en vano existe el viejo refrán de que entre bomberos no se pisan la manguera.
Los ejemplos abundan.
Así como hubo líderes que prometieron medidas contundentes contra determinados aliados internacionales y luego encontraron el respaldo de la Casa Blanca, también existen informes que terminan alimentando narrativas oficiales que no siempre coinciden con la percepción de quienes hacen las compras, pagan las facturas y estiran el presupuesto familiar.
Porque una cosa son las estadísticas y otra muy distinta es la realidad que se vive en los colmados, los mercados y los hogares dominicanos.
Decir que en la República Dominicana hay «hambre cero» es una afirmación que muchos ciudadanos contrastan cada día con el precio del arroz, el pollo, el aceite, los huevos y los demás productos de la canasta básica.
Y cuando la realidad cotidiana choca de frente con los informes internacionales, el veredicto final no lo dicta una oficina ni un organismo multilateral.
Lo dicta la mesa de cada familia dominicana.


