OPINION

La zona de tolerancia: control sanitario en la frontera de Trujillo

 

En tiempos de la dictadura de Trujillo, había orden, paz y control en toda la frontera con Haití.

Allá, del otro lado, allá en Haití, gobernaba con el mismo criterio y control el médico François Duvalier, conocido como «Papa-Doc».

Ese mismo orden se sentía en Comendador, Elías Piña. Todo estaba reglamentado. Nada quedaba al azar.

La presencia militar era determinante. Normalmente enviaban forasteros, guardias oriundos de lejanos pueblos del Este y el Norte. Eran algunos jóvenes y apenas llegaban con una mua, o sea, un uniforme.

Cuando llevaban más de un mes sin pareja, había inquietud. Entonces, las autoridades políticas, el Jefe y los comandantes, crearon el ambiente para saciar las ansias de esos guardias. Todo estaba bajo control y reglas claras.

François Duvalier

Pero para que no se propagaran enfermedades, como epidemias, venéreas, infecciones peligrosas entre el cuerpo militar, bien adiestrado y alimentado, se crearon reglamentación y políticas de educación, prevención y protección.

En el Hospital Rosa Duarte asignaron personal mixto calificado para examinar a más de cien mujeres. Las trasladaban a las zonas de tolerancia, les proveían carnet y control. Martes y jueves eran examinadas, por si acaso estaban enfermas.

Existían, en la entrada de El Guayabo, en Comendador, y otro lugar discreto, refugio de estas damas de compañía que le resolvían a guardias y algunos inquietos, discretos de la comarca.

Los días de las citas médicas, en dicho centro de 8 a 2 pm, se hacía una cola o fila bien organizada. Mujeres esbeltas, pintadas, bien presentadas, jóvenes y experimentadas.

Cierto día Doña Mariana, una adulta mayor muy pobre y con carencias, hasta sin dientes, ve esa fila y se acerca, corta de vista, y dice: «Mis hijas, ¿y qué están dando aquí?». Y le dice una meretriz bien peinada: «Pues caramelo, mi abuela». Y ella dice: «Me pongo de última para mi funda de caramelos».

Al avanzar, la fila se achica y el médico se asombra al ver esa viejita allí y le dice: «Mi vieja, ¿y usted come de eso todavía?»

Y esta, pensando en los caramelos, respondió con presteza y energías: «Doctor… yo no lo puedo morder, pero lo chupo».

Confusión, confusa, diría Cantinflas… jajaja.

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