La gente rechaza el “plumerío” en los cuarteles… pero no hay remedio
¡Cógelo, Picante! El Metro, obra cumbre de Leonel, se cae a pedazos por falta de mantenimiento

Buenos días…
La sentencia TC/1225/25 del Tribunal Constitucional cayó como una bomba lacrimógena en los predios militares y policiales.
El comentario más suave que se escucha es: “esto es un golpe a la tradición y al orden interno de las instituciones”.
Y por todas partes la gente pregunta: ¿Pero es verdad que la sentencia permite relaciones entre miembros del mismo sexo dentro de la Policía y las Fuerzas Armadas? Y la respuesta, lamentablemente para muchos: sí, es cierto.
Para entender el terremoto, vale recordar lo que decía el derogado artículo 210 de la Ley 285-1966, que penalizaba la llamada “sodomía” entre oficiales y alistados. El Tribunal Constitucional lo tumbó, sin medias tintas.
La Ley 3483-1953 también dejaba en manos del Ministro de Defensa la revisión de todos los reglamentos para adecuarlos. Y esta adecuación ha llegado… aunque para muchos, en dirección contraria a lo que esperaban.
La reacción general: “esto trastoca la disciplina, hiere las buenas costumbres y pone nervioso hasta el que nunca opinaba de nada”. Para otro sector, abre compuertas que antes parecían impensables.
Y aunque usted no lo crea, hay una preocupación que corre de boca en boca: “¿Qué pasaría si un superior presionara a un subalterno para ser su pareja sentimental?”
Ese escenario, temen muchos uniformados, podría volverse un dolor de cabeza en tribunales y oficinas disciplinarias.
No es la primera vez que se habla de esto. Años atrás, un jefe policial tuvo que enfrentar denuncias contra un oficial que presionaba reclutas. Es decir: el problema no es nuevo. Lo nuevo es que lo que antes se escondía, ahora saldrá a la luz con absoluta legalidad. Y en los cuarteles, créame, la conversación está más caliente que un fusil recién disparado.
La sentencia

Mientras tanto, otro incendio. La Jefatura de la Policía en la mira. Algunos abogados intimaron al Poder Ejecutivo para que nombre un nuevo director de la Policía. Alegan que el actual incumbente, Ramón A. Guzmán Peralta, ya rebasó el límite legal establecido por la Ley 590-16.

Y advierten: mantenerlo es violar abiertamente el ordenamiento jurídico. Técnicamente… tienen razón. Ahí está la instancia, clarita, enviada al presidente Abinader.
Y ahora el otro desastre…
El Metro de Santo Domingo, aquella joya de obra de marca nacional, hoy es una vergüenza de marca mayor. Allí pasa de todo… menos cosas buenas.
—Seguridad, casi nula.
—Escaleras eléctricas: la mayoría fuera de servicio.
—Sanitarios: cerrados como si guardaran oro.
—Ascensores: convertidos en piezas de museo… pero sin funcionar.
Lo que antes fue símbolo de eficiencia ahora es un retrato perfecto del abandono. La obra cumbre de Leonel se está cayendo a pedazos, simple y llanamente por falta de mantenimiento. Nada de «fallas programadas»: es pura dejadez.
El nuevo director de la OPRET debería hablar menos y trabajar más. La gente está cansada de tanto “black, black, black”. Lo que quiere es que el Metro vuelva a funcionar como antes… sin excusas.
Política: alcaldes que brillan… pero solo en redes. Hay alcaldes que trabajan muchísimo… pero solo para la cámara. En los barrios, la realidad es otra.
Y sí, el alcalde Dío Astacio va por la misma curva peligrosa de Manuel Jiménez: el cargo le está quedando grande.
Carolina Mejía, por su parte, pierde popularidad día tras día.
Ya ningún funcionario puede venderse como “producto nuevo”: la gente los conoce… demasiado bien. Están rancio en el cargo.
Ironía de vida… Hay funcionarios que, cuando llegan al puesto, se publicitan como si fueran un lanzamiento de lujo. Pero pasa el tiempo, no hacen nada… y entonces necesitan el doble de publicidad para tapar su propio vacío. Cuando un producto pierde credibilidad, ¿qué hace?
Se llena de anuncios. Los malos, sobre todo, necesitan toneladas de propaganda para ocultar su mala calidad. Pero la gente no es boba. Mira, compara… y sentencia.



