El peso que ya no pesa

Monedas dominicanas: vivas, pero sin valor
Por Augusto Álvarez
La desaparición práctica del valor de las monedas dominicanas comenzó hace décadas, quizás en los últimos años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, aunque muchos podrían discutir exactamente cuándo empezó ese proceso.
Por ejemplo, la popular «mota», cuyo valor equivalía a medio centavo, todavía podía verse a principios de los años cincuenta en pulperías y pequeños comercios de los campos dominicanos. Era una moneda humilde, pero tenía utilidad y poder de compra.
Luego siguieron el mismo camino el «chelito», los cinco, diez y veinticinco centavos. Todavía a principios de la década de 1970 era posible encontrarse con menudo de plata circulando de mano en mano. Aquellas monedas formaban parte de la vida cotidiana de la gente.
Hoy la pregunta es inevitable: ¿qué se puede comprar con un peso? ¿Y con cinco pesos? ¿Qué alcance real tiene incluso un billete de cien pesos frente al costo actual de la vida?
Hubo tiempos en que entregar cinco centavos a un niño para el recreo era una señal de cierta holgura económica. Hoy, incluso con doscientos pesos en el bolsillo, muchos jóvenes apenas pueden resolver una merienda sencilla.
El verdadero dolor de cabeza lo sufren las mujeres de los barrios populares cuando intentan estirar los pocos pesos que llegan al hogar. Hacen malabares con presupuestos imposibles y convierten cada moneda en una batalla diaria por la supervivencia. Son auténticas heroínas de la economía doméstica.
Mientras en Estados Unidos se debate la eliminación definitiva del centavo, en los barrios dominicanos muchos comentan que el peso metálico prácticamente ha desaparecido de la circulación efectiva porque nadie quiere cargarlo en los bolsillos.
La triste realidad es que muchas de nuestras monedas han terminado pareciéndose a los vehículos convertidos en chatarra: siguen existiendo, pero ya casi nadie les encuentra utilidad.



