Cuba en la mira del águila imperial

Son momentos difíciles para la patria de José Martí y de Máximo Gómez. Resulta imposible saber hasta dónde llegará el apetito de quienes, desde hace décadas, mantienen una política de presión y estrangulamiento económico contra la isla.
Sin embargo, inmolarse no es la solución. Tampoco basta una solidaridad tímida expresada únicamente a través de declaraciones, artículos o mensajes en las redes sociales. Quienes en algún momento recibieron el apoyo solidario de Cuba deberían recordar esa historia y traducir el agradecimiento en gestos concretos de cooperación y respaldo.
En tiempos de guerra y conflictos, muchas veces se dispara contra personas que nunca se han visto. Esa realidad debería servir para reflexionar sobre los costos humanos de las confrontaciones y sobre la necesidad de defender la vida por encima de cualquier diferencia política o ideológica.
Una de las características que históricamente han distinguido al pueblo cubano ha sido su disposición a asumir sacrificios en nombre de causas que considera justas. Esa vocación solidaria quedó evidenciada en múltiples escenarios internacionales y forma parte de una tradición reconocida incluso por sus adversarios.
También el pueblo estadounidense, durante la guerra de Vietnam, supo expresar importantes muestras de solidaridad con el pueblo vietnamita. Aquellas movilizaciones demostraron que los gobiernos y los pueblos no siempre piensan igual, y que la conciencia humana puede imponerse sobre los intereses geopolíticos.
La experiencia venezolana, sin embargo, no parece fácilmente trasladable al caso cubano. Aunque existe el dicho de que todo el mundo tiene un precio, también hay episodios que demuestran que la lealtad y las convicciones continúan teniendo un valor que no se compra ni se vende.
En ese contexto, siempre ha llamado la atención la confianza que el presidente Nicolás Maduro depositó durante momentos críticos en asesores y colaboradores cubanos. Algunos observadores se han preguntado si esa decisión reflejaba una mayor confianza en esos aliados o una preocupación respecto a sectores de su propio entorno.
Si algo enseñan las experiencias de gobiernos sometidos a amenazas permanentes es que la prevención, la movilidad y los protocolos de seguridad nunca deben descuidarse. La historia reciente de América Latina ofrece suficientes ejemplos para comprender que la estabilidad política exige vigilancia constante.



