INTERNACIONALES

¡Buggies sin control! La diversión de unos, trampa mortal para otros

 

En comunidades rurales de Bayaguana, las excursiones de vehículos todoterreno encienden las alarmas por accidentes, caminos deteriorados y riesgos para residentes y transeúntes. La pregunta es inevitable: ¿quién regula estas actividades antes de que ocurran nuevas tragedias?

 

Por Margarita de la Rosa

Lo que para unos representa diversión, aventura y adrenalina, para otros puede convertirse en una amenaza a su tranquilidad, su seguridad y hasta su vida.

Esta es la preocupación que cobra fuerza en comunidades rurales de Bayaguana, provincia Monte Plata, donde la circulación de grandes cantidades de vehículos todoterreno, conocidos como buggies, está generando una creciente alarma entre quienes utilizan diariamente las carreteras y caminos de la zona.

Managua, Los Hidalgo, Comatillo, Sierra de Agua y otras comunidades forman parte de un entorno rural que recibe visitantes procedentes de diferentes provincias, muchos de ellos atraídos por la práctica de esta modalidad de aventura extrema.

Conviene hacer una aclaración: no estamos cuestionando el derecho a la recreación ni la práctica de deportes extremos. El problema comienza cuando estas actividades se desarrollan en espacios que no reúnen las condiciones necesarias y donde deben compartir las vías con ciudadanos que simplemente necesitan trasladarse a sus hogares, trabajos y otras actividades cotidianas.

El lodo, los charcos y las dificultades del terreno constituyen precisamente parte del atractivo de esta modalidad. Sin embargo, las maniobras de estos vehículos, especialmente cuando circulan en grandes grupos, pueden contribuir al deterioro de caminos y carreteras que no fueron concebidos como pistas para deportes extremos.

Mientras unos buscan deliberadamente terrenos difíciles para poner a prueba sus vehículos, los residentes necesitan caminos transitables y seguros.

Pero el asunto más delicado no es el daño a las vías. Es el riesgo para la vida humana. Y lamentablemente, ya existen antecedentes trágicos.

Uno de los casos relatados en la zona corresponde a un joven que, mientras conducía uno de estos vehículos en Sierra de Agua, chocó contra un poste del tendido eléctrico, provocando su rotura y la caída de cables que, según las informaciones recibidas, le ocasionaron una electrocución mortal.

También se ha reportado recientemente otro accidente de graves consecuencias relacionado con un vehículo todoterreno de cuatro ruedas, conocido como four wheel, en esta misma zona.

Estos episodios, cuyas circunstancias específicas corresponde establecer a las autoridades, refuerzan la preocupación por la seguridad de quienes participan en estas actividades y de quienes transitan por las vías comunitarias.

Los reportes de accidentes y fallecimientos asociados a estas prácticas son motivo de alarma. Resulta necesario que las autoridades establezcan cuántos casos se han registrado, dónde ocurrieron y bajo qué circunstancias.

¿Quién regula estas excursiones? ¿Existen rutas autorizadas? ¿Se evalúan los riesgos? ¿Qué controles se aplican cuando grandes grupos de vehículos todoterreno comparten caminos estrechos con motocicletas, automóviles, transporte público y peatones?

No se trata de prohibir por prohibir. Se trata de establecer límites, identificar espacios adecuados y garantizar que la diversión de unos no comprometa la seguridad de otros.

Las autoridades municipales, la DIGESETT, el INTRANT, el Ministerio de Turismo y las instituciones competentes en materia de medio ambiente deben examinar esta situación dentro del ámbito de sus respectivas responsabilidades.

La práctica de deportes extremos requiere condiciones especiales, organización, controles y espacios apropiados. Las carreteras comunitarias no deben convertirse en pistas improvisadas donde la adrenalina de algunos termine imponiéndose sobre el derecho de los demás a transitar con seguridad.

 

https://youtube.com/shorts/CdnnykjooG4?feature=share

Las tragedias ya han ocurrido. Las señales de alarma están presentes.

Lo que corresponde ahora no es esperar nuevas víctimas, sino investigar, prevenir, regular y actuar.

Porque la adrenalina puede ser una elección personal, pero el riesgo impuesto a los demás no debería serlo.

La vida humana tiene que estar por encima de cualquier diversión, por extrema que esta sea.

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