
Mensaje 4774
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasiliniz?
Las lecturas de hoy nos hablan de elección o llamado. Igual que en el Antiguo Testamento Dios eligió a Moisés, en el Nuevo Testamento Jesús, el Hijo de Dios, llama a los doce.
En ambos casos el Señor busca reconstruir un pueblo que sea testigo de la salvación ante el mundo. El pasaje de la Carta a los Romanos recuerda la centralidad que tiene Jesucristo en la obra salvadora de Dios.
Hoy el llamado no es para doce, el Padre llama a muchos, pues “la mies es mucha y los obreros pocos” (Mateo 9).
Esto lo estamos viendo desde el libro del Éxodo 19, una página en la que Moisés recuerda al pueblo, de parte de Dios, la misión que tiene Israel en medio de las naciones.
Aquí nos trae un mensaje dirigido a Israel cuando estaban en el desierto del Sinaí. Es entonces cuando Moisés subió hacia Dios, pues el Señor lo llamó desde el monte, diciendo lo que iba a decir y anunciar a los israelitas.
“Guarden mi alianza, ustedes serán mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; serán para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”.
Es en ese momento histórico cuando nos sentimos ser parte de ese pueblo elegido y en respuesta al llamado de Dios, mostrar una actitud de confianza absoluta y alegría desbordante proclamando el salmo 99:
“¡Aclamen al Señor, sírvanle con alegría!”.
“Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño. Aclama al Señor, tierra entera, sirvan al Señor con alegría, entren en su presencia con vítores. Sepan que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.”
De nuevo la fuerza del amor de Dios nos salva y la reconciliación es gratuita e irreversible, nos lo recuerda Pablo en Romanos 5, cuando nos explica que es Cristo quien nos salva, pues “cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por nosotros como prueba de que Dios nos ama, pues siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
Razón por la que, nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación, tal como nos lo dice la Palabra de Dios.
El pasaje evangélico de san Mateo 9, nos explica la razón de ser de la misión de los discípulos de Jesús. La misión propia de Jesús va a prolongarse en el mundo por medio de sus discípulos de ayer y de hoy; por eso debemos escuchar el llamado que también a nosotros nos hace el Señor.
Vivimos extenuados, sintiéndonos en ocasiones abandonados, estresados, desorientados, como ovejas sin pastor y es entonces cuando el Señor se compadece de nosotros queriéndonos ayudar, por eso decía a sus apóstoles:
“La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”.
Hoy en pleno Siglo XXI, Dios quiere, necesita, requiere del compromiso firme y real de quienes supuestamente somos creyentes de la existencia de Dios, sin importar religión o credo y tal como lo hizo en ese momento histórico, ese gran profeta, el mismo Dios hecho hombre, Jesús, ungirnos a través del Espíritu Santo para que tengamos autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia, para predicar Su Palabra, para llevar paz y amor por el mundo.
Con instrucciones específicas de que vayamos tras sus ovejas descarriadas, en vez de juzgarlas, censurarlas, señalarlas, que las rescatemos, Dios quiere que proclamemos Su Palabra aunque sea apoyando a quienes tienen ese Don y Carisma, que nos atrevamos a llevar salud a los enfermos, resucitar almas muertas por la tristeza, limpiar corazones llenos de rencores y con nuestro ejemplo convencer a los demás de que deben renunciar y alejarse del pecado, pues ahí es donde opera el mal, el maligno, que quiere alejarnos del Padre y echar a perder nuestra alma.
Hermanos, aunque ustedes no lo crean el reino de los cielos está cerca y tu deber es dar gratis lo que hayas recibido gratis, siembra, siembra la semilla y trabaja para tu Dios.
Gracias a nuestra hermana Matilde Farach por hacer posible que la Palabra de Dios llegue cada domingo hasta todos ustedes. Bendícela, Señor.
Hasta la próxima.



