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¡Motoconcho sin freno! Un servicio necesario que se convierte en pesadilla sobre las calles

Miles viven del motoconcho, pero el desorden, las maniobras peligrosas y el irrespeto a las normas de tránsito convierten a las motocicletas en protagonistas de un caos vial que las autoridades no han logrado controlar.

SANTO DOMINGO, R.D.

Miles de dominicanos encuentran en el motoconcho su sustento diario. El servicio se ha convertido en una pieza importante del transporte nacional, especialmente en barrios y comunidades donde los vehículos de cuatro ruedas no llegan con facilidad.

Es una necesidad y, al mismo tiempo, un mal necesario. Los motoconchistas llegan hasta callejones, sectores populares y zonas apartadas donde el transporte convencional muchas veces no penetra. Para miles de usuarios, representan la única alternativa rápida para llegar a sus destinos.

Pero detrás de esa realidad económica y social se esconde otro problema: mientras crece el motoconcho, también aumenta la preocupación por los accidentes y el caos en las vías públicas.

A toda velocidad por la comida del día

Muchos motoconchistas trabajan de sol a sol y viven de lo que producen diariamente. La presión por dejar un pasajero y conseguir otro viaje los lleva, en ocasiones, a conducir de manera desesperada y realizar maniobras que ponen en riesgo sus vidas y las de terceros.

Rebases peligrosos, circulación entre vehículos, desplazamientos por la derecha y violaciones de las señales de tránsito forman parte del panorama cotidiano en numerosas calles y avenidas.

El problema no es la motocicleta ni quien la utiliza para ganarse la vida. El problema es el desorden y la falta de controles efectivos.

La Ley 63-17 parece letra muerta

Los motociclistas, sean motoconchistas, repartidores o particulares, están obligados a cumplir las disposiciones de la Ley 63-17 sobre Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial. Pero la mayoría no lo hace.

Basta recorrer las principales vías para observar motocicletas atravesando vehículos, ignorando semáforos, circulando en sentido contrario o realizando maniobras que desafían cualquier criterio básico de seguridad vial.

En muchos casos, la sensación que transmiten es que las normas no existen para ellos y que pueden desplazarse por las calles sin consecuencias.

Y mientras unos arriesgan sus vidas, los demás conductores también tienen que permanecer en permanente estado de alerta para evitar atropellarlos o verse involucrados en un accidente.

Un conflicto que también termina en violencia

El problema no se limita al tránsito.

En los últimos meses también han surgido situaciones en las que motociclistas se ven involucrados en confrontaciones con conductores después de accidentes o discusiones en las calles. En algunos casos se producen agresiones físicas y hechos mucho más graves.

También se han registrado denuncias de agresiones contra mujeres y personas mayores, lo que evidencia que el problema trasciende el simple incumplimiento de las normas de tránsito.

Un accidente de tránsito no puede convertirse en una sentencia de violencia.

Túneles y elevados: territorio prohibido que algunos desafían

Otro de los grandes desafíos es la circulación de motocicletas por túneles y elevados, pese a las restricciones existentes en determinados puntos.

La velocidad y la facilidad para desplazarse entre vehículos convierten estos espacios en escenarios especialmente peligrosos cuando los conductores de motocicletas ignoran las prohibiciones.

El equipo Águila vigilaba túneles y elevados

Durante la gestión del entonces director de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), hoy mayor general retirado Frener Bello Arias, fue creado el equipo Águila, que tuvo entre sus funciones reforzar la vigilancia y persecución de infracciones cometidas por motociclistas. Posteriormente, ese equipo fue eliminado.

¿Y las autoridades?

El desafío está sobre la mesa: organizar el motoconcho sin destruir una fuente de empleo y transporte que miles de dominicanos necesitan.

Las autoridades municipales y de tránsito deben fortalecer los controles, exigir documentación, capacitación y cumplimiento de las normas, además de perseguir las conductas peligrosas que ponen en riesgo a todos.

Especial atención requieren también los repartidores que circulan a gran velocidad para cumplir con los tiempos de entrega. Su presión laboral no puede convertirse en una licencia para violar las normas.

La solución no es perseguir al que se gana la vida honradamente sobre una motocicleta. La solución es poner orden.

Porque las calles no pueden seguir convertidas en una jungla donde cada motociclista se siente dueño de la vía.

Ya basta de caos. Ya basta de impunidad. Y ya basta de esperar otra tragedia para recordar que detrás de cada motocicleta hay una vida que proteger.

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