
Mensaje 4970
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Sentado como siempre en mi laptop, daba el último toque a mi libro: “Los misterios del alma femenina”, ya lo había terminado, cuando recibo una video llamada de mi exalumna Haydée Kuret, quien, con el grupo de su promoción del Colegio Santo Domingo, celebraban un año más de su aniversario.
Ellas, siempre muy unidas, con aquel calor humano que siempre las ha caracterizado y las ha llevado a celebrar en las buenas y a compartir y apoyarse en los momentos difíciles, en varias ocasiones me habían invitado a participar de sus entretenidas y jocosas celebraciones, pero esta vez, al vivir yo en Turquía se les ocurrió contactarme, para pedirme mi bendición.
Debe Víctor Martinez confesar que fue para mí un momento de gran emoción, me sentí importante, tomado en cuenta, muy querido, y convencido de que mi labor de sembrar la semilla del amor de Dios desde temprana edad, en los corazones de todo el que me ha rodeado, ha dado sus frutos, esa noche una vez más Dios habló a mi corazón.
Con apenas 21 años estudiante de psicología realizaba yo mis prácticas en los departamentos de orientación de los colegios católicos, fue este mi primer grupo experimentar a quienes me dediqué a impartirles charlas, convivencias, pasarles los tests vocacionales y entrevistarlas, no solo para orientarlas vocacionalmente, sino también para escuchar las preocupaciones de sus tiempos, tan diferentes a las de ahora, los noviecitos, los que les gustaban, los chismes de colegio, y algún esporádico problema de hogar más que otro.
Razones por las que me identifiqué de tal modo con estas 92 chicas, hasta el extremo de continuar de por vida en contacto con algunas de ellas, para darles apoyo en su relación matrimonial, orientar a un hijo o nieto más que otro y hasta impartir algún sacramento en mi calidad de diácono permanente.
He dedicado el último capítulo de mi libro “los misterios del alma femenina”, a dar el testimonio y nombrar a todas y cada una de estas distinguidas damas dominicanas que de seguro guardan también sus misterios en lo más profundo de sus almas.
Que Dios las bendiga a todas, a sus familiares y a los hogares de quienes han escuchado hoy este mensaje.
Gracias a nuestra hermana Rosi Helú, quien pertenece a nuestra Comunidad de Amor, este mensaje ha llegado hasta todos ustedes, bendícela, Señor.
Hasta la próxima.



