PICANTE

¡Alerta azul! La transparencia del gobierno se evapora y la inseguridad anda suelta

Asaltos, un asesinato que hiede, secuestro de una mujer y aceras tomadas: el retrato de Santo Domingo Este

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!El gobierno tiene la obligación de hablarle claro al país. Sin cuentos, sin maquillaje y sin vender humo. Decir las cosas como son.

La verdad es que la población ya no cree en casi nada de lo que dice el gobierno del presidente Luis Abinader y el PRM. Y no se trata de “percepción”. No. Es desconfianza sembrada por ellos mismos, a fuerza de contradicciones, promesas rotas y discursos que no aterrizan en la realidad.

A los líderes políticos les plantean una cosa en privado y luego salen a hacer otra muy distinta. Por eso más de uno terminó diciendo que fueron al gobierno sin rumbo y sin planificación.

Y en medio de una crisis económica mundial, improvisar es jugar con fuego. Porque al final, el tablazo nunca lo recibe el rico. Lo paga la clase media, lo paga el pobre, lo paga el que tiene que fajarse todos los días para sobrevivir.

Este gobierno debiera tener una verdadera Dirección de Ética, una institución seria que vigile los negocios de los funcionarios. Y al que meta la mano, que le caigan arriba sin contemplaciones. Porque aquí el problema no es solo la corrupción… es la protección descarada a los corruptos.

Solo así se podría hablar de transparencia y lucha contra la impunidad. Porque en República Dominicana, en el aparato estatal, lo que sobra es corrupción y lo que nunca falta es impunidad.

El país necesita un Ministerio Público independiente de verdad. Uno que actúe con dignidad, que haga cumplir el Código Procesal Penal y ejerza la acción pública sin miedo y sin mirar colores políticos. Eso no es un favor a la sociedad… es su obligación.

Y para nadie es secreto que la actual procuradora general, Yeni Berenice Reynoso, que antes era una guerrera en esos temas, parece haber bajado la guardia. Como dice el viejo refrán español: “Cría fama y échate a dormir”.

Decimos esto porque Aquiles Jiménez lleva tiempo denunciando en su cuenta de “X” casos documentados que huelen raro, expedientes que pican y se extienden, y desde la Procuraduría el silencio es sepulcral. Lo ignoran olímpicamente.

Mientras el gobierno le aprieta el cuello a la clase media y a los pobres, mientras amenaza hasta con reducir en un 50% los recursos que reciben los partidos políticos de la JCE para sobrevivir, aparece un funcionario alquilando un local por 130 millones de pesos. ¿Y aquí no pasa nada? El señor Edgar de Jesús Bautista tiene que explicar eso con lujo de detalles. Porque si existe una Dirección de Ética y Transparencia, está mirando para otro lado… o está durmiendo con aire y abanico.

Y la realidad sigue golpeando. Los choferes de la ruta Peravia–Distrito Nacional aumentaron 25 pesos al pasaje. Otra carga más para el bolsillo del pueblo.

Mientras tanto, la violencia anda desatada. Asaltos, asesinatos, robos al por mayor y al detalle, y hasta un secuestro. Y todavía salen a decir que la criminalidad está bajando.

Eso es un chiste malo. Una falta de respeto. Como si el dominicano fuera pendejo y no viera lo que circula diariamente en redes sociales: videos de atracos, muertes violentas, gente secuestrada y barrios bajo terror.

La única que parece no enterarse es la ministra de Interior, Faride Raful. Porque el presidente dice lo que cuentan.

Y el caso más reciente ocurrió en Monte Adentro, Andrés, Boca Chica, donde un hombre fue literalmente cosido a tiros. Decenas de disparos. Una ejecución al estilo bajo mundo, de esas que mandan mensajes.

Pero en vez de concentrarse en investigar, la Policía salió de una vez a decir que la víctima era un delincuente con cinco fichas. Y ahí fue que la calle comenzó a murmurar duro: que si fue un tumbe, que si fue para callarlo, que si hubo encargo.

Porque cuando la Policía sale tan rápido a “explicar”, mucha gente entiende que están justificando el crimen antes de aclararlo.

Y ojo, que ya hay antecedentes. Recuerden los casos del 12 de Haina y La Barranquita, en Santiago. La Policía salió huyendo a vender el cuento de que fueron “enfrentamientos”, intentando acomodar la versión antes de que hablara la evidencia. Pero después aparecieron videos, testigos y testimonios que dejaron claro lo que mucha gente sospechaba desde el principio: que fueron asesinatos vulgares, ejecuciones disfrazadas de intercambios de disparos.

¿Y qué ha pasado con eso? Absolutamente nada. Ni sanciones ejemplares, ni responsables presos, ni consecuencias reales. Todo quedó en el aire, como pasa casi siempre en este país cuando los poderosos meten la mano. Mucha bulla al principio, muchas cámaras, muchos titulares… y después silencio. Como si la vida del pobre no valiera nada. Y hasta los familiares de las víctimas se olvidaron de esos hechos, en vez de accionar.

Por eso es que cada vez que ocurre un caso parecido, la gente no confía en la versión oficial. Porque aquí la credibilidad de las autoridades está en olla, destruida por sus propias actuaciones y por una cadena de impunidad que parece no tener fin.

Y ese hecho ocurre apenas horas después de que una joven fuera asaltada y secuestrada en Alma Rosa II, en Santo Domingo Este. Eso no es percepción de inseguridad. Eso es inseguridad pura y dura.

En los últimos días la sangre ha corrido como agua en Santo Domingo Este. Al menos tres personas han caído abatidas por agentes policiales en apenas una semana, incluyendo un menor de 16 años.

Pero la cosa no se queda ahí. Comunitarios denuncian un aumento preocupante de la delincuencia en distintos sectores de Santo Domingo Este, junto al crecimiento del microtráfico y las invasiones de terrenos en La Ureña y zonas cercanas. El desorden está cogiendo calle y el Estado parece llegando tarde a todo.

Y al cierre… En Monte Plata siguen esperando que el presidente Abinader mire hacia los ríos, arroyos y montañas que están siendo destruidos a una velocidad alarmante. Si la devastación continúa, esa provincia terminará convertida en un desierto verde.

¡Auxilio, presidente!  El país necesita con urgencia un organismo que proteja de verdad el medio ambiente y una Dirección de Ética y Transparencia que funcione de verdad. Porque si existen, no se sienten. Y si trabajan, nadie lo nota. Hoy por hoy, parecen instituciones de adorno.

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