Alofoke, los partidos y la publicidad oficial

Por Augusto Álvarez
La política demuestra una y otra vez que el manejo inteligente de la publicidad puede producir grandes resultados. Pero también enseña que, cuando la estrategia pierde el rumbo, las consecuencias pueden ser graves.
Ángelo Vásquez y Santiago Matías (Alofoke) lograron atraer la atención pública con el tema haitiano. Sin entrar a valorar el fondo de ese debate, lo cierto es que Alofoke parece haber movido ahora la brújula hacia otro escenario, cambiando de estrategia y ampliando su radio de influencia.
Quienes dominan la comunicación saben que la publicidad bien dirigida puede construir liderazgos. Basta recordar al presidente ucraniano Volodímir Zelenski, quien pasó de la televisión al Palacio Presidencial. También al expresidente estadounidense Ronald Reagan, que dio el salto desde Hollywood hasta la Casa Blanca.
La historia, sin embargo, también registra a personajes como Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del régimen nazi, considerado uno de los mayores estrategas de la propaganda política. La diferencia, naturalmente, no radica en el dominio de la comunicación, sino en el propósito con que se utiliza.
Tras los dos devastadores terremotos que sacudieron Venezuela y dejaron más de 1,600 fallecidos y miles de damnificados, Santiago Matías volvió a sorprender. Antes que los partidos políticos y muchas instituciones, convirtió su conocido «Edificio Rojo» en un centro de acopio para recibir ayuda humanitaria destinada al pueblo venezolano.
La iniciativa le permitió ocupar un espacio de solidaridad que tradicionalmente habría correspondido a las organizaciones políticas o al propio Estado, sin necesidad de invertir los cuantiosos recursos que suelen destinarse a campañas de publicidad oficial.
La experiencia dominicana demuestra que detrás de cada gobierno exitoso en materia de comunicación siempre ha existido un estratega. Durante la administración de Salvador Jorge Blanco destacó José Dori Cabrera; en los gobiernos de Leonel Fernández, Carlos Dore Cabral desempeñó un papel importante; y durante la gestión de Danilo Medina, Roberto Rodríguez Marchena se convirtió en el principal arquitecto de la comunicación gubernamental.
No es casual, entonces, que algunos partidos políticos comiencen a mirar hacia Alofoke como un aliado estratégico. En tiempos donde las redes sociales pesan tanto como las plazas públicas, la capacidad de comunicar, movilizar y conectar con la ciudadanía puede convertirse en un activo tan valioso como cualquier estructura partidaria de cara a futuras alianzas y procesos electorales.



