OPINION

Corrupción endémica en RD: a propósitos de casos PRSC, PRD, PLD, PRM ¿y FP?

 

República Dominicana ha sufrido grandes embates: ciclones que arrasan costas, temblores telúricos que sacuden la tierra, muertes de presidentes que cambian el rumbo, plagas y enfermedades que doblan al pueblo. Pero la más peligrosa y endémica es la que quedó perenne en el cuerpo social e institucional. Esa que no mata de golpe, sino que pudre desde adentro.

  1. Robo de bienes confiscados a la familia Trujillo y testaferros
  2. Privatización y traspaso a manos privadas de empresas CEA, Corde, Aeropuertos
  3. Escándalo Baninter
  4. Contrato Barrick Gold
  5. Odebrecht
  6. Senasa

Y otras indelicadezas. 

                        Trujillo                                        Balaguer                                      Guzmán                                        Jorge Blanco
Leonel                                           Hipólito                                           Danilo                                           Abinader

 Vamos a citar el emblemático caso y escándalo de Baninter y estos detalles que  vivimos, testigos y actores desde posición en PGR, comienzos 2000s. 

El emblemático caso y escándalo de Baninter no cayó de un día para otro. Cayó como caen los imperios: por dentro, podrido de complicidades. Cuando la quiebra se hizo pública, la República Dominicana entendió que no era solo un banco. Era el corazón financiero de una élite que jugaba con chequeras, candidaturas y apellidos. La PGR se llenó de expedientes, de nombres intocables, de “presos” que hasta ese momento solo habían visto cárceles en películas. La orden era clara: que nadie, por poder o por dinero, se quedara fuera.

El caso era Baninter y los presos tenían nombres y apellidos: Ramón Báez Figueroa, presidente del banco; Marcos Báez Cocco, vicepresidente ejecutivo; Vivian Lubrano de Castillo, principal ejecutiva y socia; Luis Álvarez Renta, asesor financiero. El desfalco rondó los 55 mil millones de pesos, una cifra que sangró al país, que pagamos todos con impuestos, con deuda, con futuro hipotecado. ¿Dónde fueron a parar esos bienes? ¿En qué residencias de Naco, Piantini, ¿Casa de Campo, en qué cuentas offshore, en qué sociedades pantalla quedaron esas fortunas mientras el pueblo cargaba la factura? Senasa será igual: descargos y exclusiones, expediente maquillado, nombres que aparecen y desaparecen según la presión, según el apellido, según el momento político.

Y en esa noche se firmó la sentencia. Se ratificó prisión y envío de la élite Lubrano a Najayo. Ya no había llamadas que valieran, ni intermediarios, ni chequeras que abrieran puertas. La resolución judicial estaba en mano y la orden era ejecutarla.

El titular de la PGR de ese entonces estaba fuera del país. Ausente por motivos de agenda oficial. Ante esa ausencia, un magistrado que había sido 38 veces Procurador interino, con mi asistencia, asumió con firmeza ese operativo anticrimen. Bajo su mando y bajo una aparatosa comisión de traslado, Cadena Moquete y el General Cáceres Ureña tomaron el control. Llegamos en la jeepeta Ford Explorer roja, 10 pm, junto al oficial EN Rafael Encarnación, hoy coronel retirado honrosamente y abogado en ejercicio. Adentro del vehículo íbamos Cadena Moquete, Miriam Lubrano y Cáceres Ureña. Nos escoltaba el vehículo de ese digno General y una hilera de vehículos de alta gama hacia el destino que decidieron los jueces: Najayo Mujeres, San Cristóbal. Esa caravana no era solo traslado. Era el símbolo del quiebre. La élite que movía millones, esa madrugada se movía bajo custodia. La noche que un banco cayó, y con él cayeron chequeras, promesas y candidaturas.

Al llegar allí, la escena cambió. La familia esperaba. Nariz parada, blanquitos, bellas y jevitos. Lujosos Lexus, Porsches, Mercedes parqueados frente a Najayo como si fuera un Club de tenis o Casa de Campo. Jóvenes, 18/30. Hijas, sobrinas, comadres y amiguitas de sus hijas popis. Rostros con apellido que sonaba en palacio, con panitas súper apoyadas y “poder” en la boca.

Hasta las 3 am luchando. Una docena de jóvenes obstruyendo la ejecución de esa sentencia. Gritos, insultos, súplicas. “Que ellas 2 iban presas también” vociferaba una hija, agarrada de brazos junto a su panita. La señora de 40/50 años, la única mayor del grupo, familiar cercano de la Lubrano, en llantos recordaba la agencia en Carolina IV y suplicaba: “si la encierran muere, tiene pánico si duerme sola en una habitación”.

Chantaje, chantaje. Finalmente en Najayo no entraban bien las llamadas. Cansados y casi vencidos, se escuchó la voz ronca de Cadena Moquete: “Ejecútese esa orden, está presa y todo civil o intruso, fuera del área o será apresado, no importa parentesco presidencial o poderes económicos”.

Esa noche los popis entendieron que Najayo Mujeres no era su penthouse en Naco, ni su agencia de viajes, ni su Club de tenis o Casa de Campo. Era cárcel. Y la orden se ejecutaba, no importara apellido ni parentesco presidencial.

Reflexión Final: El pueblo que sufre por corrupción pública y privada, con complicidades, empobrecido, hambriento, con carencias, inflación, inseguridad y en penumbra. Hasta cuándo mi Señor, estas vagabunderías en RD.

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