La Neverita: una tragedia que vuelve la mirada sobre décadas de depredación del río Nizao

Por Margarita de la Rosa
La muerte de cuatro personas al caer una yipeta en uno de los profundos charcos del balneario reabre interrogantes sobre las condiciones de seguridad de una zona transformada durante años por la extracción de agregados.
La muerte de esas cuatro personas la noche del lunes, luego de que la yipeta Chevrolet Tahoe en que se desplazaban terminara sumergida en uno de los charcos de La Neverita, en el río Nizao, no solo ha llenado de luto a varias familias.
La tragedia vuelve a colocar bajo escrutinio las condiciones de un lugar que durante años ha sido escenario de denuncias por la extracción de arena, grava y otros agregados.
Las informaciones preliminares señalan que el vehículo se deslizó en la zona de Los Pocitos de Pizarrete y terminó volcado, con los neumáticos hacia arriba, dentro de uno de los charcos. La alerta al Sistema 9-1-1 se produjo pasadas las diez de la noche.
Pero detrás de la noticia inmediata surge una interrogante que merece atención: ¿en qué condiciones se encontraba el terreno por donde transitaba el vehículo y qué relación guarda su configuración actual con años de extracción de materiales en el río Nizao?
Un amigo de uno de los fallecidos, conocedor de La Neverita y quien había visitado recientemente el lugar, relata que en la zona existen caminos de gravilla y excavaciones asociadas a la extracción de agregados que terminan convertidas en profundos depósitos de agua. Según explica, entre allegados a las víctimas se maneja la versión de que el vehículo pudo haber encontrado una de esas excavaciones mientras se desplazaba de noche.
Se trata, hasta el momento, de una versión de personas cercanas a las víctimas y no de una conclusión oficial sobre las causas del accidente. Sin embargo, las condiciones peligrosas del lugar no constituyen una denuncia nueva.
Reporte de prensa publicado este martes recoge testimonios de residentes que consideran insegura la zona, señalan falta de señalización y relacionan ahogamientos anteriores con la extracción de arena.
Durante el recorrido realizado por reporteros después de la tragedia, pudieron observar además camiones transportando materiales procedentes de montañas de arena y piedras extraídas del Nizao.
Un problema de muchos años
Los antecedentes permiten colocar la tragedia dentro de una historia mucho más larga.
Ya en 2007 se advertía que años de explotación habían dejado daños calificados entonces como irreversibles en las terrazas ribereñas del Nizao.
Una evaluación ambiental había señalado efectos sobre el cauce, acumulación de sedimentos y problemas relacionados con combustibles utilizados en las operaciones.
En el 2009, organizaciones ambientalistas, campesinas, agrícolas y comunitarias de Nizao, Don Gregorio y Baní volvieron a denunciar extracciones de grava y arena. Ese mismo año, Medio Ambiente había notificado a seis granceras para su reubicación fuera de áreas próximas al cauce y las riberas.
Las denuncias continuaron. En 2015 se reportó que equipos pesados seguían extrayendo agregados pese a una prohibición de Medio Ambiente, y en 2016, residentes de Don Gregorio denunciaban nuevamente extracciones indiscriminadas, incluso durante la madrugada.
Y la historia llega prácticamente hasta nuestros días. En junio de 2025, diversas organizaciones y dirigentes denunciaron nuevamente la depredación del Nizao. La denuncia fue realizada precisamente durante una visita a La Neverita y se sumó a reclamos de autoridades locales y otros sectores de la provincia.
Pero hay un antecedente todavía más contundente: el 23 de julio de 2025, exactamente un año y pocos días antes de esta tragedia, Medio Ambiente y el SENPA intervinieron Pizarrete, después de recibir una denuncia sobre extracción ilegal de materiales.
Las autoridades informaron que localizaron seis maquinarias pesadas —cinco excavadoras CAT y una Volvo—, cuyos operadores huyeron al percatarse de la presencia de los agentes. El SENPA anunció entonces vigilancia permanente para impedir que continuara la afectación de la zona.
En diciembre de 2024, Medio Ambiente había realizado otro operativo dirigido a prevenir la extracción de agregados en varios puntos, mencionando expresamente Nizao y La Neverita.
Una tragedia y muchas preguntas pendientes
Por eso, más allá de determinar la maniobra específica que llevó la Tahoe hasta el agua, la muerte de estas cuatro personas plantea interrogantes que las autoridades deberían esclarecer.
¿Era el charco donde cayó el vehículo una formación natural o resultado de excavaciones? ¿Qué profundidad tiene? ¿Cómo quedó habilitado un camino para vehículos junto a esa zona? ¿Existían señalización, iluminación, barreras o advertencias suficientes? ¿Qué ha ocurrido con las extracciones denunciadas y con la vigilancia anunciada por las autoridades?
La Neverita se ha convertido en los últimos años en un atractivo recreativo visitado por numerosas personas. Pero su belleza contrasta con una historia de denuncias ambientales que se prolonga durante décadas.
Determinar las causas inmediatas de esta tragedia corresponde a las autoridades. Determinar si detrás de ella existen riesgos creados o agravados por años de intervención del río es también una responsabilidad que no debería quedar sepultada con las víctimas.
Porque cuatro muertes no solo reclaman saber cómo ocurrió el accidente.
También obligan a preguntar en qué condiciones se permitió que ocurriera.


