El agua no se ahorra solo cerrando la llave

Por Margarita de la Rosa
Las autoridades vuelven a pedir a la población que economice agua. El llamado, en principio, es correcto: ningún recurso natural debe desperdiciarse y mucho menos en medio de un período de escasez. Pero hay momentos en que insistir únicamente en el ciudadano común equivale, como decían nuestros mayores, a agarrar el rábano por las hojas.
¿Cómo pedirle mayores sacrificios a familias que reciben agua una vez por semana, cuando la reciben; que almacenan un tanque para varios días, compran camiones cisterna o realizan sus labores domésticas calculando cada cubeta porque desconocen cuándo volverá el servicio?
La propia CAASD ha reconocido la gravedad de la situación: sus sistemas llegaron a operar entre un 30 % y un 35 % de su capacidad habitual debido a la falta de lluvias en las cuencas que los abastecen. El problema existe y la sequía es real. Pero precisamente por eso la discusión no puede quedarse en decirle a la gente: “ahorre agua”. Hay que mirar río arriba.
Ahorrar agua también significa proteger las cuencas, impedir la deforestación de las riberas, frenar la extracción ilegal de agregados, controlar las intervenciones en los cauces y evitar que aguas residuales, basura y otros desechos terminen en nuestros ríos. No es una apreciación caprichosa: el propio Ministerio de Medio Ambiente ha tenido que intervenir el río Haina ante un deterioro acumulado durante décadas por extracción ilegal, alteración del cauce, deforestación y degradación de sus márgenes.
Y Monte Plata merece un capítulo especial.
Una provincia bendecida por ríos, arroyos y montañas lleva años viendo cómo sus recursos hídricos reciben las agresiones del ser humano: intervenciones de cauces, extracción de materiales, contaminación, eliminación de vegetación ribereña y construcciones que pretenden acercarse cada vez más al agua.

Queremos la villa junto al río, la casa casi encima de la ribera y el terreno limpio hasta el último metro, sin comprender que esa vegetación que algunos consideran estorbo forma parte de la protección natural de nuestras fuentes de agua.
Por supuesto que el ciudadano debe cerrar la llave y evitar el desperdicio. Pero no carguemos sobre él toda la responsabilidad mientras las grandes agresiones contra las fuentes hídricas continúan.
La educación ambiental tiene que llegar a los hogares, pero la ley tiene que llegar también hasta quienes depredan los ríos. Porque cuidar el agua no comienza en la llave de una casa.
Comienza donde nace el río.



