OPINION

Un día como hoy murió Duarte, pobre en bienes, pero inmenso en grandeza

 

15 de julio: Juan Pablo Duarte murió en la miseria. ¿Y nosotros?

Un día como hoy murió Duarte, pobre en bienes, pero inmenso en grandezaCARACAS, Venezuela.-

15 de julio de 1876. Un hombre de 63 años, enfermo, olvidado y en la pobreza más absoluta, cerraba los ojos para siempre en una casita de la calle El Cuño. No tenía dinero ni para las medicinas. Sus funerales fueron costeados por amigos. Ese hombre era Juan Pablo Duarte y Díez, Padre de la Patria Dominicana.

Murió lejos, en su “segunda patria”, Venezuela, la tierra que lo acogió cuando la suya lo expulsó, lo persiguió y lo condenó al destierro. Murió sin cargos, sin pensiones, sin homenajes. Murió como vivió sus últimos 32 años: en miseria, en silencio, en dignidad.

1. El Duarte que mataron dos veces

No fue el Duarte de bronce. Fue el joven que a los 25 años hipotecó la fortuna de su familia para comprar armas y fundar La Trinitaria. El que dijo: “Nuestra Patria ha de ser libre e independiente de toda potencia extranjera o se hunde la isla”.

Sus ideales siguen siendo subversivos en 2026:

1. Dios, Patria y Libertad: Libertad con justicia, con educación, con pan. Sin Haití, sin España… y sin ladrones criollos.

2. Honradez pública: Administrador de la Fortaleza Ozama en 1844, entregó cada centavo con recibos. “Nunca he robado. Soy pobre, pero honrado”.

3. Servicio, no servirse: Le ofrecieron la presidencia. Dijo que no. “No es la cruz lo que quiero, es la salvación de la Patria”. Prefirió el exilio antes que traicionar.

4. Unidad nacional: Trinitarios blancos, mulatos y negros. Su proyecto no era de un partido. Era de una nación.

2. De la gloria al destierro

Luchó contra Boyer, contra Santana, contra Báez. Y perdió. Lo expulsaron el 10 de septiembre de 1844. Lo acusaron de “traidor” los mismos que anexaron el país a España. En Venezuela fue tipógrafo, comerciante, maestro. Vivió del día a día. Vio morir a sus padres y hermanos en la pobreza. En 1864 volvió para la Restauración. No lo quisieron. Lo mandaron otra vez al exilio. Ahí murió, el 15 de julio de 1876.

3. La maldición que no termina: sus descendientes en el mismo olvido

Y la historia, cruel, se repite. Se dice que lejanos descendientes del Patricio deambulan hoy por Caracas y otros lares en semejante situación de olvido, pobreza e insolidaridad. La sangre de Duarte, regada en el exilio, sigue sin techo digno en la tierra que le dio sepultura.

Si es cierto, es la prueba más amarga de que no aprendimos nada. Que al padre lo dejamos morir sin medicina, y a los hijos de su sangre los dejamos vivir sin nombre. ¿De qué sirve el bronce en el Parque Independencia si su apellido come en la calle, en Caracas o en Santo Domingo?

4. Dos patrias en quiebra, una misma vergüenza

Duarte murió en Venezuela. Hoy, 15 de julio de 2026, esa segunda patria también agoniza. Miseria, éxodo, quiebre moral e institucional. La tierra que le dio techo en su pobreza, hoy expulsa a sus hijos por hambre.

Y la primera patria, la nuestra, ¿cómo está? Duarte soñó una República “sin vicios, sin crímenes”. Hoy tenemos un país cuestionado, con hospitales sin suero como denunciamos en el Sur, con servidores públicos que olvidaron que “servidor” no es “dueño”. Tenemos deudas pendientes: con el campo, con la educación, con la justicia.

Las luchas de Duarte están inconclusas. Él murió en la miseria física. Nosotros corremos el riesgo de vivir en la miseria moral.

5. El llamado de Duarte para hoy

Si Duarte volviera este 15 de julio, no pediría flores. Pediría tres cosas:

1. A los servidores públicos: “Sean honrados si quieren ser libres”. Que el presupuesto no se pierda entre Santo Domingo y Pedernales. Que PROMESE/CAL lleve medicinas, no excusas. Que ser funcionario vuelva a ser sacrificio, no negocio.

2. A los dominicanos: “Vivir sin Patria, es lo mismo que vivir sin honor”. Pero la Patria no es la bandera un día al año. Es el hospital de San Juan con ambulancias. Es la clínica de Hondo Valle con enfermera. Es no robar, no mentir, no “buscarse lo suyo” con lo de todos.

3. A todos: “Trabajemos por y para la Patria, que es trabajar para nuestros hijos”. Duarte lo dio todo y murió sin nada. Nosotros no tenemos que morir en la miseria. Tenemos que vivir en la decencia.

Hoy Duarte no está en su tumba. Está en cada clínica rural cerrada. En cada niño sin escuela. En cada peso que se roba. Y está en cada descendiente suyo que, dicen, deambula en Caracas con el mismo olvido que mató al padre.

Honrar a Duarte no es un acto del 27 de febrero. Es un acto de todos los días: no siendo cómplice, no siendo indiferente, no siendo ladrón.

Él murió abandonado en Venezuela en 1876. Que la Patria por la que murió no termine abandonada por nosotros en 2026.

“Dios tenga en gloria al Padre de la Patria. Y a nosotros, que nos dé vergüenza si no estamos a la altura ni de su miseria… ni de su apellido.”

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