OPINION

Bayaguana: mi pueblo ya no es mi pueblo

 

Por Margarita de la Rosa

Hay pueblos que no solo se habitan: se llevan dentro toda la vida. Bayaguana es uno de ellos. Pueblo centenario, de profunda tradición religiosa, de gente laboriosa, solidaria y empática, que construyó a través de los siglos una identidad que trascendió los límites de Monte Plata.

Bayaguana hizo historia desde sus orígenes. Pero también escribió páginas importantes mucho después, cuando sus hombres y mujeres supieron levantar la voz frente a las injusticias. Durante los gobiernos de Joaquín Balaguer, en tiempos en que reclamar derechos podía tener consecuencias muy serias, este pueblo fue escenario de luchas y movilizaciones por mejores condiciones de vida.

Había entonces una juventud sana, inquieta y combativa. Jóvenes que discutían los problemas de su comunidad, reclamaban, se organizaban y entendían que el bienestar colectivo también era responsabilidad suya. Aquella capacidad de indignarse frente a lo injusto era parte del orgullo de ser bayaguanero.
Por eso duele tanto mirar hacia el Bayaguana de hoy.

Es lamentable que en su historia más reciente, el nombre de nuestro municipio aparece con demasiada frecuencia en los medios asociado a hechos que jamás debieron convertirse en parte de su cotidianidad: agresión a sus recursos naturales, delincuencia, robos, venta y consumo de drogas y hechos violentos que llegan incluso al sicariato.

Más preocupante todavía es escuchar a moradores describir determinados sectores como lugares utilizados por delincuentes procedentes de otras zonas para esconderse o establecer sus centros de operación.

Cuando una comunidad comienza a convivir con esa realidad, no estamos frente a hechos aislados. Estamos ante señales de una degradación social que merece ser enfrentada antes de que termine normalizándose.

Y me pregunto: ¿qué ocurrió con aquel Bayaguana?

¿Qué pasó con aquella juventud que encontraba en la organización comunitaria, el estudio, el trabajo, la agricultura y la lucha social espacios para crecer? ¿En qué momento permitimos que las oportunidades fueran reduciéndose mientras avanzaban la marginalidad, las drogas y la delincuencia?

No pretendo idealizar el pasado. Bayaguana nunca fue un pueblo sin problemas. Pero existía un tejido social, un sentido de pertenencia y una capacidad de respuesta colectiva que hoy parecen debilitados.

Afortunadamente, todavía tenemos algo extraordinario que mostrar: el deporte. Bayaguana continúa produciendo jóvenes capaces de sobresalir y llevar con orgullo el nombre de su municipio dentro y fuera del país.

El deporte sigue siendo uno de nuestros grandes espacios de esperanza, disciplina y movilidad social. Ojalá no lo perdamos también.

Porque combatir la delincuencia no puede reducirse a enviar policías después de ocurrido un robo ni a apresar a uno que otro responsable. Hay que preguntarse qué está pasando con nuestros jóvenes, dónde están las oportunidades, qué hacen las instituciones, qué responsabilidad tienen las autoridades municipales y nacionales y cuánto estamos haciendo nosotros mismos como comunidad.

Bayaguana necesita recuperar algo mucho más profundo que la tranquilidad de sus calles: necesita recuperar su identidad, su capacidad de organización y aquel orgullo colectivo que hizo de sus habitantes protagonistas de su propia historia.

Lo digo con la tristeza de quien mira el lugar al que pertenece y apenas reconoce algunas de sus señales: Mi pueblo ya no es mi pueblo.

Pero precisamente porque sigue siendo nuestro, todavía estamos a tiempo de recuperarlo.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba