La Revolución dejó avances que merecen ser reconocidos
Pero ningún logro social puede utilizarse como excusa para negar las libertades, el pluralismo político y el derecho de los cubanos a decidir su propio destino.
-II-
Por la Dirección
Cuba no puede reconstruir su futuro negando su pasado. Y ese pasado tiene luces y sombras.
Sería intelectualmente deshonesto afirmar que durante más de seis décadas no se construyeron capacidades importantes en la educación, la salud, el deporte y determinadas áreas científicas.
También sería deshonesto utilizar esos avances como argumento para justificar la permanencia indefinida de una estructura política que ha cerrado las puertas al pluralismo y ha limitado severamente las libertades públicas.
La historia merece ser examinada completa. No por partes. No a conveniencia. No para glorificar a unos y demonizar a otros.
Cuba necesita mirar sus luces, pero también atreverse a mirar sus sombras.
¿Qué hizo bien la Revolución?
Sería injusto negar que el sistema cubano produjo determinados avances y construyó instituciones que, con enormes dificultades, todavía constituyen activos nacionales.
- La educación alcanzó una cobertura amplia.
- El sistema sanitario desarrolló una importante red de atención primaria y Cuba consiguió formar profesionales de la salud reconocidos internacionalmente.
- El deporte cubano produjo generaciones de atletas de alto nivel y convirtió algunas disciplinas en motivo de orgullo nacional.
- Hubo avances importantes en alfabetización y en determinadas áreas de investigación biomédica.
Esos logros deben ser reconocidos. Pero reconocerlos no obliga a convertirlos en patente de corso para gobernar eternamente.
- Una sociedad puede tener buenos médicos y no tener libertad.
- Puede tener atletas extraordinarios y no tener pluralismo político.
- Puede tener universidades y, al mismo tiempo, censura.
- Puede haber conseguido importantes conquistas sociales y, simultáneamente, impedir que sus ciudadanos puedan escoger libremente a sus gobernantes.
En ese sentido, debemos destacar que una cosa no borra la otra.
El problema de convertir los logros en argumento político
Ningún gobierno debería decirle a su pueblo:
- “Te di educación. Por tanto, no puedes reclamar libertad”.
- “Te di atención médica. Por tanto, no puedes exigir elecciones competitivas”.
- Ganamos medallas olímpicas; por tanto, tienes que aceptar el sistema político”.
Los derechos no se intercambian. La libertad no se compra con hospitales. La democracia no se paga con escuelas. La dignidad humana no se negocia por medallas deportivas. Los servicios públicos son obligaciones de cualquier Estado. Y la libertad política también debe serlo.
Por eso, reconocer los logros de la Revolución no significa aceptar sus errores. Significa reconocer la historia sin fanatismos.
El fracaso que ya no puede esconderse
Cuba enfrenta hoy una profunda crisis económica y social, con escasez de alimentos, combustible y agua, apagones prolongados, inflación, pobreza y un éxodo de ciudadanos que buscan mejores oportunidades.
Pero el problema cubano no puede medirse solamente en toneladas de alimentos, horas de apagones o cifras de emigrantes.
Hay otra dimensión: La libertad.
Freedom House califica actualmente a Cuba como “No libre”, y señala que el sistema de partido único impide la competencia política, mientras las libertades de expresión, asociación y prensa permanecen severamente restringidas.
Ese dato no lo produce Washington. Ese dato describe una realidad política interna.
- No puede atribuirse exclusivamente al embargo que en Cuba no existan elecciones nacionales competitivas entre diferentes fuerzas políticas capaces de disputar democráticamente el poder.
- Ni puede atribuirse a Estados Unidos la responsabilidad de que durante décadas la oposición política haya sido perseguida, encarcelada o expulsada.
- Ni puede utilizarse el embargo como explicación para justificar la ausencia de libertad de prensa.
- Ni para explicar por qué un ciudadano cubano no puede organizar libremente un partido político alternativo.
- Ni para justificar que protestar contra el Gobierno pueda terminar en prisión.
Pero, además, la represión política tampoco desaparece porque desaparezca el embargo.
¿Qué ha hecho más daño: las sanciones o la falta de libertades?
La pregunta es inevitable. Pero, una respuesta responsable exige evitar los extremos.
No existe una fórmula matemática seria que permita separar cuánto daño produjo cada factor.
- Las sanciones externas han tenido un costo económico y humanitario real.
- Pero, la falta de libertades ha producido otro daño, quizás menos visible y más profundo, pues ha impedido que los propios cubanos puedan corregir democráticamente los errores de sus gobernantes.
Ese es el punto central. Una economía puede cambiar de modelo. Un gobierno puede modificar una política. Una ley puede reformarse.
Pero cuando el ciudadano no tiene libertad para elegir, protestar, organizarse, expresarse y sustituir pacíficamente a sus gobernantes, queda atrapado dentro del mismo sistema que pretende corregir.
El embargo puede empobrecer una economía. La falta de libertad puede impedir que una sociedad encuentre democráticamente la salida de esa pobreza.
Por eso Cuba necesita resolver ambos problemas. No uno solo.
Y para hacerlo necesita algo que durante demasiado tiempo le ha faltado, la posibilidad de que los cubanos discutan su propio destino sin miedo. Porque los logros de una nación pertenecen a su pueblo. No son propiedad eterna de ningún gobierno.
PARTE I
Cuba necesita libertad, no venganza
https://www.relampagoinformativo.net/opinion/2026/09/cuba-necesita-libertad-no-venganza/



