RELIGION

Sabiduría que viene de Dios

 

Amar la palabra de Dios: “Vivirla”

Port Víctor Elías Aquino

David, que según los estudiosos de la Biblia vivió entre los años 1040 y 966 antes de Cristo, y se destacó como guerrero, músico y poeta, no estuvo exento de pecado. Gobernó en Judá entre los años 1010 y 1006 antes de Cristo, y sobre toda la nación de Israel entre los años 1006 y 966. Escribió el Salmo 119, el más largo de toda la Biblia, que tiene 176 versículos.

Las hazañas de este guerrero y hombre de Dios ocupan gran cantidad de pasajes de la Escritura Sagrada y han sido analizadas durante cientos de años.

Mi enfoque consiste en presentar y analizar los versos 97 al 99 de esa alabanza que dice: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación».

Analizando a profundidad, el verso 97 es como un canto; es una invitación a amar y meditar constantemente en la Ley de Dios, mientras que el 98 muestra que la sabiduría que se obtiene de los postulados divinos supera a la de los individuos más eruditos, transformando la comprensión y el enfoque de la vida; en tanto que, en el 99, el salmista declara que su meditación en la palabra de Dios le ha dado un entendimiento mayor que incluso sus maestros.

Este cántico, conforme a los estudiosos, fue escrito por David bajo el reinado del rey Saúl, gobernante que lo persiguió con frecuencia; pero en algún momento tuvo tranquilidad y entonces ejercitó la poesía divina, dividida en partes que cubren todo el alfabeto.

El libro de 1 Samuel 16:23 dice: “Sucedía que cuando el espíritu malo de parte de Dios venía a Saúl, David tomaba el arpa, la tocaba con su mano, y Saúl se calmaba y se ponía bien, y el espíritu malo se apartaba de él”.

Por un momento, pensemos. Imaginemos por un instante que una persona proclama que ama a Dios; pero si, en la práctica, en la vida diaria, no conoce su palabra, no le importa lo que dice el texto sagrado, ni tampoco vive de acuerdo con sus preceptos, sus vocablos no valen el aliento que invierte en pronunciarlos.

¿Qué ama la gente? Ama las actividades en las que se deleita, aquello en lo que usa su tiempo; prefiere las actividades que son la esencia de su vida, aquello en lo que invierte la mayor cantidad de su existir. Las personas dicen: “No tengo tiempo”, pero todos sacamos espacio para aquello que deseamos o amamos.

Los seres humanos bien informados saben que, en toda actividad humana, hay algo de verdad y también de error. Leí que Charles Spurgeon, el príncipe de los predicadores, fallecido a fines de 1800, escribió sobre la Biblia: “El mejor libro que se haya escrito jamás y no tiene errores”. Yo lo creo.

No se trata de leer la Biblia solo el domingo, cuando se va a la iglesia, y luego guardarla para que se llene de polvo durante la semana; al contrario de David, que escribió: “Todo el día es ella mi meditación”.

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