
Mensaje 5019
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Estamos en noviembre, mes en que recordamos a nuestros difuntos, y la Iglesia hoy nos habla de tres palabras: sabiduría, esperanza y vigilancia.
La sabiduría se deja encontrar. La primera lectura dice algo hermoso: la sabiduría “se adelanta a manifestarse a los que la desean… la encuentra sentada a su puerta” (Sab 6,13-14).
Dios no se esconde. Es Él quien nos busca. Ser sabio, en la Biblia, no es saber mucho, es vivir buscando a Dios cada día, madrugar por Él, como dice el salmo: “Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío”.
No vivamos como los que no tienen esperanza. San Pablo escribe a una comunidad que lloraba a sus muertos. Y les dice: “si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con Él a los que han muerto” (1 Tes 4,14).
La fe no quita el dolor, pero le pone luz. Quien cree, llora, sí, pero no se desespera. Nuestros difuntos no están perdidos, están en camino al encuentro con el Señor.
Velen, tengan aceite. Jesús nos cuenta la parábola de las diez vírgenes: cinco prudentes y cinco necias. Todas se durmieron porque el esposo tardaba. La diferencia no fue el sueño, fue la previsión: unas llevaron aceite de repuesto, otras no.
El aceite es la vida interior, la oración, la caridad, los sacramentos, el perdón. Eso no se puede improvisar a última hora, ni se puede pedir prestado: “mejor es que vayan a la tienda y se lo compren”.
El Señor nos advierte con amor: “Velen, porque no saben el día ni la hora”.
Hoy pregúntate: ¿cómo está mi lámpara? ¿Vivo de una fe de apariencia, o cuido cada día mi amistad con Dios?
Que María, Virgen prudente, nos enseñe a vivir despiertos, con el corazón lleno de aceite, para que cuando llegue el Esposo, entremos con Él al banquete. Amén.
Gracias a nuestra hermana Matilde Farach este mensaje ha llegado hasta todos ustedes, bendícela, Señor.
Hasta la próxima.



