Presidente Abinader, el pueblo está pagando los platos rotos

Por Tomás Aquino G.
No voy a preparar un sancocho, ese plato típico de los dominicanos, pero sí mezclaré varios ingredientes para expresar lo que llevo por dentro, aunque a algunos les pique.
La clase media y los sectores más pobres siguen pagando los errores de quienes gobiernan.
Las instituciones pierden credibilidad, las promesas se quedan en discursos y el país continúa arrastrando problemas que golpean directamente a la población.
Danilo Medina tuvo la oportunidad de corregir los desaciertos de Leonel Fernández, pero no lo hizo. Después llegó Luis Abinader con el PRM, prometiendo un cambio que, a más de seis años de gobierno, muchos dominicanos todavía esperan.
Hambre, delincuencia, apagones, hospitales con deficiencias, falta de aulas, alto costo de la vida, caos en el tránsito y servicios públicos que no responden a las necesidades de la gente.
¿Cuál de esos problemas ha sido resuelto de manera que haya beneficiado, por lo menos, al 60 % de la población? Que alguien lo señale y lo demuestre.
Y no se trata solamente de los problemas económicos y sociales. Ahí están los casos de ejecuciones policiales, como los 12 de Haina, La Barranquita, en Santiago, el de La Vega y otros que han estremecido al país. Son hechos que exigen respuestas, investigaciones y justicia. Algo que no aparece por ninguna parte.
En materia de liderazgo político, tampoco se puede confundir ocupar el Palacio Nacional con tener liderazgo.
Una cosa es ejercer el poder, nombrar funcionarios y firmar decretos; otra muy distinta es conquistar la confianza de la población y demostrar capacidad para enfrentar sus problemas.
A Abinader le quedan casi 22 meses de gobierno. Todavía tiene tiempo para revisar su gabinete, corregir errores y demostrar que las promesas no fueron simples palabras de campaña.
Y conste, ni siquiera he querido entrar en el capítulo de la corrupción. Ese es otro sancocho que merece una atención especial.
Presidente, menos propaganda, menos bocinas y menos discursos de maravillas. El país necesita soluciones, no maquillaje. Porque, al final, quienes pagan los platos rotos son los ciudadanos.



