INTERNACIONALES

¡Haití se hunde! Estados Unidos y Francia tienen que asumir el timón

 

Léogâne se encierra por miedo a los terroristas, mientras las bandas armadas desafían al Estado. Haití necesita una intervención internacional seria, con autoridad, seguridad y un plan para devolverle el país a los haitianos.

 

Por la Dirección

Haití está llegando a un punto en el que ya no bastan comunicados, reuniones diplomáticas ni promesas de ayuda.

Cuando una ciudad como Léogâne tiene que recurrir a un toque de queda, desde las 10:00 de la noche hasta las 5:00 de la mañana, exigir documentos de identidad a quienes circulan y ordenar el cierre nocturno de iglesias, clubes, restaurantes, bares y hoteles por amenazas de grupos armados, queda demostrado que el Estado está perdiendo terreno frente al terror.

La situación no es un invento ni una exageración.

La violencia de las bandas se ha extendido por amplias zonas del país, mientras miles de familias han tenido que abandonar sus hogares.

Solo en el primer semestre de 2026 se reportaron más de 3,050 muertes y cerca de 1.5 millones de desplazados.

En agosto, un ataque en Kenscoff dejó al menos 47 muertos y decenas de personas secuestradas.

Entonces, ¿hasta cuándo continuará el mundo mirando?

Haití necesita una solución de fondo. Y aquí hay que hablar claro: Estados Unidos y Francia, principalmente, junto con la ONU, deben asumir una responsabilidad mucho mayor en la reconstrucción institucional y la seguridad haitiana.

No hablamos de una ocupación colonial ni de quitarle a los haitianos su derecho a gobernarse.

Hablamos de establecer, mediante un acuerdo internacional y con respaldo de Naciones Unidas, una administración transitoria de seguridad y reconstrucción, con autoridad suficiente para desarmar a las bandas, recuperar las instituciones, garantizar la justicia, controlar las fronteras y crear las condiciones para elecciones libres y un gobierno legítimo.

La fuerza internacional contra las bandas ya cuenta con autorización del Consejo de Seguridad y tiene un techo de 5,550 efectivos, pero su despliegue y capacidad todavía no han sido suficientes para cambiar radicalmente la realidad sobre el terreno.

RD no puede ser salvavidas permanente de esa crisis

Y mientras Haití se desangra, República Dominicana no puede convertirse en el administrador, financiador ni salvavidas permanente de una crisis que desborda sus fronteras.

La República Dominicana tiene derecho a proteger su territorio, su economía, sus servicios públicos y la seguridad de sus ciudadanos.

Puede colaborar humanitariamente y cooperar con la comunidad internacional, pero no puede cargar sobre sus hombros la responsabilidad histórica de reconstruir Haití.

Haití necesita que las grandes potencias que durante décadas han tenido influencia sobre su destino, asuman ahora la responsabilidad de ayudar a sacarlo del abismo.

Estados Unidos y Francia, con Naciones Unidas y el respaldo de los países de la región, deberían impulsar una operación política y de seguridad mucho más contundente, recuperar el territorio, desarmar a las bandas, reconstruir la Policía y la Justicia, restablecer los servicios básicos y preparar una transición democrática.

Porque lo que está ocurriendo en Haití ya no es solamente una tragedia haitiana.

Es una amenaza regional.

Y si la comunidad internacional sigue esperando, mientras las bandas ocupan más territorio, el próximo capítulo puede ser mucho peor.

Haití necesita autoridad, seguridad y un camino hacia la democracia. Y República Dominicana necesita dejar claro que no puede resolver sola el desastre de su vecino.

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