OPINION

San Pedro de Macorís: Del sueño dorado de los boricuas al infierno de la yola y el “Tiburón Bolo”

De la ciudad que recibía puertorriqueños “mojaitos” con trabajo y esperanza a la costa desde donde hoy nuestros muchachos se lanzan al peligroso Canal de la Mona en busca de un futuro que muchas veces termina en tragedia.

 

Según historias y reseñas pasadas, hubo un tiempo en que el sueño no era Nueva York ni San Juan. El sueño era San Pedro de Macorís.

I. La pujanza — 1879 a 1930: la Sultana del Este

Todo comienza en 1868 con la Guerra de los Diez Años en Cuba. Unos 3,000 cubanos huyen con capital y tecnología hacia Dominicana y eligen San Pedro por su río Higuamo y su puerto.

1876: Juan Amechazurra funda el Ingenio Angelina. Primera molienda a vapor: 9 de enero de 1879.

1882: Se funda el Ingenio Porvenir, el primer ingenio azucarero mecánico del país.

1885: Ya hay 35 centrales en las llanuras de San Pedro y Santo Domingo. Había 3,577 hectáreas sembradas en 1882; en 1895 son 7,950 hectáreas y 11,412 en 1905, con 265 km de vías férreas.

Exportación: de 1,100 toneladas en 1877 a 20,263 en 1884 y a 38,546 en 1893.

Para 1920, los ingenios de San Pedro producían entre el 65 % y el 70 % de toda el azúcar nacional.

En ese tiempo, San Pedro era más rico que Santo Domingo:

Seis vicecónsules en 1900: EE. UU., Alemania, Venezuela, España, Francia y Perú.

Bancos: National City Bank y Royal Bank of Canada desde la ocupación de 1916.

Buques Hurón, Iroquois y Cherokee hacían ruta directa San Pedro-Nueva York-Europa.

Tres cines en 1930 (Duarte, Restauración, España) y 2 teatros de ópera: el Colón, de 3 niveles en forma de herradura, único en el país.

Edificio Morey, 1915: primer edificio de 3 pisos del país.

Hospital San Antonio: 650 camas y 6 pabellones, el más grande del país, construido por el Dr. Carl T. George en 1923.

II. Los puertorriqueños llegaban “mojaitos”

Como el dominicano no quería cortar caña, los dueños de ingenios importaron braceros.

Primero fueron los puertorriqueños, porque hablaban español y eran católicos. La inmigración masiva empieza en 1884 con 500 trabajadores y llega a casi 7,000 en 1918.

El censo de 1920, el primer censo nacional, contó 6,069 puertorriqueños viviendo en República Dominicana. La mayoría, en San Pedro.

¿Por qué venían? En 1898, EE. UU. invade Puerto Rico, devalúa el peso puertorriqueño y hay hambre. En San Pedro, un técnico boricua ganaba hasta 3 veces más. Fundaron periódicos, logias y clubes. Eran los técnicos, los maestros y los contables de los ingenios.

Después de ellos, desde 1884, vinieron los cocolos de St. Kitts, Antigua y Tortola: el censo de 1920 registró 5,763 angloantillanos, 3,615 solo en San Pedro. En 1935 ya eran 9,272.

III. La caída — 1929 a hoy: de recibir a expulsar

La caída tiene fecha: 1929-1931. Crack mundial, precio del azúcar por el suelo, y Trujillo llega en 1930 y se lleva bancos, industrias e inversionistas a la capital.

San Pedro muere.

Los ingenios quiebran en los 80 y 90.

Y se invierte la historia: ahora los dominicanos son los que se van “mojaitos” a Puerto Rico.

IV. La ruta inversa y el “Tiburón Bolo”

Ahora es la travesía riesgosa a la Isla del Encanto: 130 kilómetros de muerte por el Canal de la Mona.

Las cifras de la OIM y la Armada:

369 muertos o desaparecidos desde 2020 hasta hoy en el Canal de la Mona.

2022: 104 muertos.

2024: 95 muertos.

11 de julio de 2025, playa Juanillo, Punta Cana: yola con 54 personas, 7 cadáveres recuperados, 17 rescatados y 30 desaparecidos.

Cada yola cobra entre 7,000 dólares por persona.

Y aquí entra lo que cuentan las historias del Este: el “Tiburón Bolo”.

No es leyenda. En el Canal de la Mona hay tiburones tigre y toro de más de 4 metros.

De ser la ciudad que recibía a los boricuas “mojaitos” con trabajo y esperanza, a ser la costa desde donde salen nuestros muchachos a morir en la boca del tiburón.

Mi primera formación como periodista fue en la Universidad Central del Este (UCE), SPM, con excelentes profesores: Lipe Collado, Francisco Comarazamy, Héctor Martínez, y compañeros como Héctor Tineo, Orión Mejía, Félix Reyna, Duveaux, Rafael Polanco, entre otros ilustres profesionales.

Me especialicé en Venezuela, me fui a la diplomacia y a la política internacional. A ellos, con respeto y admiración, les dedico este trabajo.

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