Ucrania, ¿hasta cuándo resistirá mendigando ayudas?

Moscú aprieta el cerco y Kiev vuelve a mirar hacia Occidente en busca de más armas, defensa aérea y recursos para sostener una guerra cada vez más costosa.
La advertencia de Moscú a los diplomáticos extranjeros en Kiev no tiene desperdicios y llega en momentos en que la presión militar sobre Ucrania aumenta peligrosamente.
Durante los últimos días, las fuerzas rusas han intensificado sus ataques con drones y misiles contra Kiev y otras zonas estratégicas de Ucrania, golpeando instalaciones energéticas, logísticas y militares. La ofensiva ha entrado en una nueva fase de intensidad, con ataques consecutivos que han provocado muertos, heridos y graves interrupciones en la vida cotidiana de la capital.
En Kiev y sus alrededores, los ataques han afectado infraestructura ferroviaria, almacenes, instalaciones energéticas y otros objetivos que Moscú asegura estar vinculados con el esfuerzo militar ucraniano. En la jornada más reciente se reportaron al menos 12 muertos en la región de Kiev.
Odesa tampoco ha escapado de la furia de la guerra. La ciudad y su región han sido nuevamente blanco de ataques rusos, incluidos drones y bombas aéreas guiadas. También fue afectada infraestructura portuaria y el paso fronterizo de Orlivka, en la frontera con Rumanía, un punto estratégico para las exportaciones ucranianas.
Y mientras Moscú endurece sus ataques, Kiev reclama más ayuda militar a sus aliados occidentales, especialmente sistemas de defensa aérea. El propio Gobierno ucraniano ha advertido sobre la disminución de sus reservas de interceptores Patriot, precisamente cuando Rusia está empleando una cantidad creciente de drones de propulsión a reacción, más difíciles de derribar.
La cifra de 516 drones también merece una aclaración: el Ministerio de Defensa ruso informó que sus defensas aéreas habían interceptado esa cantidad de drones ucranianos sobre 18 regiones de Rusia, además de Crimea y el mar Negro. No corresponde, por tanto, a drones destruidos en Odesa.
Mientras tanto, la guerra continúa consumiendo recursos, hombres y equipos a un ritmo brutal. Ucrania depende cada vez más del respaldo financiero y militar de sus aliados para mantener en pie su capacidad defensiva.
La pregunta, entonces, sigue sobre la mesa y resulta cada vez más incómoda para Kiev y sus patrocinadores occidentales:
¿Hasta cuándo podrá Ucrania sostener una guerra de esta magnitud dependiendo de las ayudas extranjeras?
Y en los pasillos de Washington, donde la guerra de Ucrania se cruza con la crisis de Oriente Medio y las crecientes tensiones estratégicas, también se discute el costo político y militar de mantener abiertos tantos frentes simultáneamente.



